Análisis | El Indo-Pacífico decide el nuevo orden mundial: Europa busca espacio entre Washington y Pekín

Departamento de Análisis del grupo Prensamedia

Durante buena parte del siglo XX, el centro estratégico del mundo estuvo en el Atlántico. Allí se concentraban las principales potencias económicas, la arquitectura de seguridad occidental y buena parte de las instituciones que organizaron el orden internacional surgido después de 1945. Ese mapa está cambiando. El Indo-Pacífico se ha convertido progresivamente en el espacio donde confluyen las grandes rivalidades del siglo XXI: Estados Unidos y China, Taiwán, las rutas marítimas, India, Japón, Corea del Sur, ASEAN, los semiconductores y buena parte de las cadenas de suministro que sostienen la economía mundial. Europa observa ese desplazamiento desde una posición incómoda. Sus intereses en la región son enormes, pero su capacidad militar y política continúa siendo limitada.

Los últimos acontecimientos muestran hasta qué punto aumenta la tensión. Estados Unidos insiste en que no está retirándose de Asia y reclama a sus socios una mayor contribución a la defensa regional, mientras China incrementa su capacidad militar y su presencia estratégica. El reciente ensayo chino de un misil con capacidad nuclear sobre el Pacífico ha vuelto a provocar inquietud entre los países de la región y evidencia una militarización creciente.

Europa tiene que decidir qué papel quiere desempeñar en este nuevo tablero. Porque mantenerse al margen ya no constituye una opción.

El centro de gravedad se desplaza hacia Asia

El concepto de Indo-Pacífico describe mucho más que una región geográfica. Representa una nueva manera de entender la distribución mundial del poder.

Desde las costas orientales de África hasta las islas del Pacífico se extiende un espacio que concentra algunas de las economías más dinámicas del planeta, buena parte de la población mundial y rutas marítimas fundamentales para el comercio internacional. China, India, Japón, Corea del Sur, Indonesia y las economías de ASEAN convierten la región en uno de los grandes motores económicos globales.

Pero también concentra algunos de los principales puntos potenciales de conflicto.

El estrecho de Taiwán constituye el más peligroso. Una confrontación entre China y Estados Unidos alrededor de la isla podría provocar consecuencias económicas y militares globales. El mar de China Meridional añade disputas territoriales, militarización y competencia por la libertad de navegación. La península coreana mantiene otro foco permanente de inestabilidad.

La rivalidad estratégica entre Washington y Pekín atraviesa todos esos escenarios.

Estados Unidos pretende preservar un equilibrio regional que impida una hegemonía china. China considera que la presencia militar estadounidense forma parte de una estrategia destinada a contener su ascenso.

Entre ambos se encuentran decenas de países que intentan evitar tener que elegir.

Europa debería entender perfectamente esa posición.

Estados Unidos refuerza su arquitectura asiática

Washington ha construido durante décadas una extensa red de alianzas en Asia. Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas constituyen piezas fundamentales de esa arquitectura, mientras mecanismos como el Quad —Estados Unidos, India, Japón y Australia— amplían la cooperación estratégica.

La prioridad estadounidense es cada vez más clara: mantener un equilibrio favorable en el Indo-Pacífico.

El subsecretario estadounidense de Defensa para Política, Elbridge Colby, lo ha reiterado esta misma semana durante su visita al sudeste asiático: Estados Unidos no pretende abandonar Asia, pero quiere socios capaces de asumir una parte mayor de su propia defensa. Washington busca reforzar la denominada primera cadena de islas, desde Japón hasta Filipinas y Borneo, como pieza fundamental de su estrategia de disuasión frente a China.

La lógica recuerda inevitablemente al debate transatlántico sobre el reparto de cargas dentro de la OTAN.

Estados Unidos quiere aliados, pero aliados que gasten más, desarrollen mayores capacidades militares y reduzcan su dependencia de la protección estadounidense.

Esto plantea un dilema para Europa. Washington necesitará concentrar progresivamente más recursos estratégicos en Asia. Cuanto mayor sea la presión en el Indo-Pacífico, mayor será también la exigencia para que los europeos asuman la responsabilidad principal de su propia seguridad continental.

Asia y Europa dejan así de ser escenarios separados.

China y la construcción de un espacio propio

Pekín observa la expansión de las alianzas estadounidenses como una estrategia de contención. Su respuesta combina instrumentos militares, económicos, tecnológicos y diplomáticos.

China dispone de una ventaja fundamental: es uno de los principales socios comerciales de prácticamente todas las grandes economías asiáticas. Muchos países que mantienen relaciones de seguridad estrechas con Estados Unidos dependen simultáneamente del mercado chino.

Esa dualidad explica buena parte de la complejidad regional.

Pekín ha aumentado además sus capacidades navales y misilísticas, reforzado su presencia en el mar de China Meridional y mantenido una presión creciente alrededor de Taiwán. El reciente ensayo de un misil con capacidad nuclear sobre el Pacífico ha provocado nuevas divisiones entre los pequeños Estados insulares, algunos cada vez más próximos a China y otros preocupados por la expansión de su influencia.

Pero reducir la estrategia china exclusivamente a la dimensión militar sería un error.

Infraestructuras, financiación, comercio, tecnología y acceso a materias primas forman parte de una estrategia mucho más amplia. China pretende demostrar que su ascenso ofrece oportunidades económicas y que los países asiáticos no necesitan integrarse en una arquitectura regional dirigida desde Washington.

El Indo-Pacífico es, por ello, una competición por el poder, pero también por las dependencias.

Europa descubre que también es una potencia indo-pacífica

La Unión Europea lleva años intentando aumentar su presencia. En 2021 adoptó su estrategia de cooperación para el Indo-Pacífico y en octubre de 2025 el Consejo reclamó intensificar el enfoque estratégico, la presencia y la actuación europea en la región.

El cuarto Foro Ministerial UE-Indo-Pacífico, celebrado en Bruselas en noviembre de 2025 bajo la presidencia de la Alta Representante Kaja Kallas, reunió a unas setenta delegaciones y dejó una idea fundamental: la seguridad europea y la indo-pacífica están cada vez más conectadas.

Desde entonces se ha acelerado la construcción de asociaciones.

La UE mantiene acuerdos de seguridad y defensa con Japón y Corea del Sur y en enero de este año firmó con India una Asociación de Seguridad y Defensa que incluye seguridad marítima, industria militar, ciberseguridad, espacio, amenazas híbridas y lucha contra el terrorismo. El primer diálogo bilateral específico de seguridad y defensa se celebró en marzo en Nueva Delhi.

No se trata solamente de diplomacia.

Europa depende de las rutas marítimas del Indo-Pacífico para una parte sustancial de su comercio y de numerosas cadenas de suministro esenciales. Una crisis grave en la región afectaría inmediatamente a la industria europea, los precios energéticos, los semiconductores y el comercio mundial.

La distancia geográfica ya no proporciona distancia estratégica.

El difícil equilibrio con China

El principal problema europeo consiste en que China es simultáneamente competidor sistémico, rival estratégico y socio económico indispensable.

Bruselas intenta reducir riesgos sin avanzar hacia una ruptura económica. El concepto de de-risking pretende precisamente diversificar cadenas de suministro y reducir dependencias críticas sin convertir la relación con Pekín en una política de desacoplamiento.

Pero mantener ese equilibrio será cada vez más complicado.

Las tensiones comerciales, los desequilibrios económicos, las subvenciones industriales, los vehículos eléctricos, las materias primas críticas y la relación china con Rusia han endurecido la posición europea. Una delegación de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo viajó recientemente a Pekín y Shanghái precisamente con la estabilidad del Indo-Pacífico y los crecientes desequilibrios económicos entre los asuntos centrales de discusión.

Europa necesita a Estados Unidos para su seguridad y a China para una parte importante de su prosperidad económica.

Convertir esa contradicción en estrategia será uno de sus grandes desafíos.

India, Japón y ASEAN: el espacio para una tercera vía

La estrategia europea no puede construirse únicamente alrededor de Washington y Pekín. Precisamente ahí aparece su principal oportunidad.

India constituye el ejemplo más evidente. La cumbre UE-India de enero cerró las negociaciones del acuerdo de libre comercio y elevó considerablemente la relación política y de seguridad. Ambas partes reconocieron expresamente que la prosperidad y la seguridad de Europa y del Indo-Pacífico están interconectadas.

Japón, Corea del Sur, Australia, Indonesia y ASEAN ofrecen igualmente espacios para construir asociaciones que no estén definidas exclusivamente por la rivalidad chino-estadounidense.

Europa puede aportar algo diferente: mercado, inversión, tecnología, infraestructuras, acuerdos comerciales, cooperación climática y una capacidad regulatoria que sigue siendo relevante.

Su poder en el Indo-Pacífico será probablemente menos militar que económico y diplomático.

Pero para que resulte creíble tendrá que estar respaldado por una mayor capacidad estratégica.

La batalla que Europa no puede observar desde lejos

El Indo-Pacífico no sustituirá completamente al Atlántico ni convertirá Europa en una región secundaria. Pero sí está modificando la jerarquía de prioridades internacionales.

La cuestión para los europeos no consiste en elegir entre Estados Unidos y China. Una subordinación automática a Washington limitaría la autonomía europea; una equidistancia artificial ignoraría la alianza política y de seguridad que une a Europa con Estados Unidos y las profundas diferencias existentes con el modelo político chino.

La respuesta debe ser más compleja.

Europa necesita preservar la alianza transatlántica, mantener abierta la relación con China y, simultáneamente, construir una red propia de asociaciones con India, Japón, Corea del Sur, ASEAN, Australia y otros actores regionales.

Es decir, necesita convertirse en actor y dejar de comportarse como espectador.

Porque la gran transformación geopolítica del siglo XXI no está ocurriendo únicamente en Ucrania, Oriente Medio o las fronteras europeas. Está desarrollándose a miles de kilómetros, en los estrechos, mares, puertos, fábricas y rutas comerciales del Indo-Pacífico.

Y cuando termine de definirse el nuevo equilibrio regional, probablemente también habrá quedado definido buena parte del nuevo orden mundial.

Contexto: El Indo-Pacífico concentra la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, mientras India, Japón, ASEAN y otras potencias regionales intentan preservar márgenes propios de autonomía.

Implicaciones: Europa depende económicamente de la estabilidad regional y afronta una doble necesidad: preservar su alianza con Estados Unidos y reducir dependencias estratégicas sin romper sus relaciones económicas con China.

Perspectivas: La capacidad europea para construir asociaciones propias con India, Japón, Corea del Sur, ASEAN y Australia determinará si la UE consigue convertirse en un actor relevante del Indo-Pacífico o queda subordinada a la bipolaridad entre Washington y Pekín.

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