Análisis | El Sahel tras la consolidación de las juntas militares: el vacío europeo y el desafío estratégico para España

Departamento de Análisis del grupo Prensamedia

Introducción

El Sahel ha dejado de ser una crisis crónica gestionable para convertirse en un espacio de ruptura estratégica para Europa. La sucesión de golpes de Estado en Mali (2020 y 2021), Burkina Faso (2022) y Níger (2023) no fue un accidente coyuntural, sino el síntoma de un colapso más profundo de legitimidad institucional, seguridad territorial y modelo de cooperación internacional. Hoy, esos regímenes militares no solo resisten, sino que se consolidan, articulando un discurso soberanista y reordenando alianzas externas.

La consecuencia directa es un repliegue europeo que altera el equilibrio regional. Francia ha reducido drásticamente su presencia; las misiones de la Unión Europea han perdido margen operativo; la influencia occidental se ha erosionado. Para España, esta transformación no es lejana: afecta al control migratorio atlántico, a la lucha antiterrorista y a la estabilidad del flanco sur ampliado. El Sahel se ha convertido en una cuestión estructural de seguridad europea.

  1. De inestabilidad crónica a ruptura geopolítica

Durante la última década, el Sahel fue considerado un espacio frágil pero gestionable mediante cooperación internacional. Las misiones de entrenamiento europeo, la operación francesa Barkhane y los programas de desarrollo buscaban fortalecer Estados débiles frente a la expansión yihadista.

Sin embargo, el modelo descansaba sobre élites políticas con escasa legitimidad social. La corrupción, la pobreza estructural y la incapacidad para garantizar seguridad alimentaron el malestar interno. Las juntas militares capitalizaron ese descontento presentándose como alternativa soberana frente a gobiernos percibidos como dependientes de Occidente.

El resultado no es solo un cambio de liderazgo, sino una ruptura estratégica: los nuevos regímenes han redefinido sus alianzas y cuestionado el marco de cooperación que había estructurado la presencia europea en la región.

  1. El repliegue europeo y la pérdida de influencia

La Unión Europea desplegó durante años misiones de formación militar y apoyo institucional en Mali y Níger. El objetivo era capacitar fuerzas locales para asumir progresivamente la lucha contra grupos armados. La retirada o reducción de estas misiones simboliza el retroceso europeo.

Este repliegue tiene varias consecuencias. Primero, disminuye la capacidad de obtención de inteligencia sobre el terreno. Segundo, reduce la interlocución política directa con los centros de poder. Tercero, proyecta una imagen de retirada estratégica que otros actores interpretan como oportunidad.

Europa enfrenta un dilema complejo: mantener cooperación con gobiernos militares erosiona su coherencia normativa; romper vínculos limita su capacidad de influencia. La ausencia de una estrategia adaptada ha favorecido la consolidación de un vacío político que altera el equilibrio regional.

  1. Expansión y adaptación del terrorismo yihadista

La amenaza yihadista no se ha reducido tras la salida europea. Al contrario, ha evolucionado. Grupos vinculados tanto a Al Qaeda como al Estado Islámico han ampliado su radio de acción, explotando rivalidades étnicas y conflictos locales.

La fragmentación territorial facilita la implantación de estructuras paralelas de control social y económico. El terrorismo en el Sahel ya no es solo insurgencia armada, sino también administración informal de territorios donde el Estado no llega.

Para España, el riesgo no es únicamente un hipotético atentado directo, sino la consolidación de un espacio de inestabilidad permanente que conecte con redes de tráfico ilícito y radicalización transnacional. La seguridad europea no puede desvincularse de la evolución de estos grupos.

  1. Migración y presión sobre la ruta atlántica

El deterioro político y económico del Sahel se proyecta hacia el norte. La ruta atlántica hacia Canarias ha adquirido un protagonismo creciente en los últimos años, reflejando el desplazamiento de flujos migratorios y la capacidad de adaptación de redes de tráfico.

Aunque los movimientos migratorios responden a múltiples factores —climáticos, económicos, demográficos— la inestabilidad institucional actúa como multiplicador. La falta de oportunidades y la inseguridad crónica alimentan la decisión de migrar.

España se sitúa en primera línea de esta presión. La gestión migratoria requiere cooperación con países de origen y tránsito, pero esa cooperación es más compleja cuando los interlocutores institucionales atraviesan procesos de transformación autoritaria.

  1. Competencia geopolítica y nuevo equilibrio de poder

El repliegue europeo ha coincidido con la entrada o consolidación de otros actores. Rusia ha ampliado su influencia mediante acuerdos de seguridad y cooperación militar. Otros países exploran oportunidades económicas en sectores estratégicos como la minería.

El Sahel se convierte así en un escenario de competencia indirecta donde la dimensión militar se entrelaza con la económica y la diplomática. La pérdida de primacía europea no implica vacío absoluto, sino redistribución de influencia.

Para España y la UE, la cuestión central no es restaurar una hegemonía pasada, sino evitar quedar excluidos de una región que afecta directamente a su estabilidad. El desafío consiste en diseñar una estrategia que combine realismo geopolítico y coherencia normativa.

  1. El flanco sur ampliado como prioridad estructural

Durante los últimos años, la agenda estratégica europea se ha centrado en el este, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, el deterioro del Sahel demuestra que el sur no es un escenario secundario.

El concepto de flanco sur ampliado integra Mediterráneo, África del Norte y Sahel en una misma ecuación estratégica. Las crisis se interconectan: terrorismo, migración, tráfico ilícito y competencia de potencias externas forman parte de un mismo ecosistema.

España ha defendido reiteradamente esta visión integral. La evolución del Sahel refuerza esa posición. Ignorar el deterioro meridional puede generar costes estratégicos comparables a los derivados de la inestabilidad oriental.

Conclusión

El Sahel atraviesa una transformación estructural que redefine su relación con Europa. La consolidación de juntas militares, la expansión yihadista y la competencia geopolítica configuran un escenario más fragmentado y menos favorable a la influencia europea.

Para España, el impacto es directo: migración, seguridad y estabilidad regional están en juego. La respuesta no puede limitarse a la nostalgia del modelo anterior ni a la retirada pasiva. Europa necesita una estrategia renovada que combine diálogo selectivo, cooperación económica estructural y firmeza frente a amenazas transnacionales.

El Sahel no es una periferia distante. Es una frontera estratégica adelantada de la seguridad europea. Y España, por geografía e interés, está llamada a desempeñar un papel relevante en la redefinición de esa política.

Claves

Contexto:
Consolidación de regímenes militares en Mali, Burkina Faso y Níger y repliegue europeo.

Implicaciones:
Aumento de competencia geopolítica, expansión yihadista y presión migratoria hacia el flanco sur europeo.

Perspectivas:
España puede impulsar una estrategia europea renovada que combine realismo político, cooperación estructural y estabilidad a largo plazo.

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