Venezuela en la encrucijada

Venezuela flag depicted in paint colors on old and dirty oil barrel wall close up. Textured banner on rough background

Jesús A. García R.

Mayor (R) del Ejército. Ingeniero. Magister en Gestión Pública y ex Cónsul de Venezuela en Madrid 

 

Escribo este artículo en la noche que une el 3 y 4 de febrero. Ambas fechas importantes para los venezolanos.

 

Hace un mes, el ilegítimo Nicolas Maduro fue extraído de su guarida en Fuerte Tiuna, Caracas.

Hace 34 años, el teniente coronel Hugo Chávez se alzó en armas acompañando una minoría del Ejercito de Venezuela. Fracasó estrepitosamente en su intento, pero fue un punto de inflexión del       día a la noche.

Venezuela transita por una situación inédita: el presidente electo por los venezolanos en las últimas elecciones generales, está auto exiliado en Madrid. El presidente usurpador está preso reo de múltiples delitos en una cárcel federal en Nueva York. La presidenta in pectore de muchos venezolanos anda como bachaco sin antena, dejándose ver… y, en el ejercicio de la presidencia, con carácter interino, está una ciudadana a quien nadie ha elegido y cuya única legitimidad es la provisionalidad de 90 días prorrogables que le otorga la Constitución. Todo un batiburrillo.

Tras un mes de la captura de Maduro, muchas cosas han cambiado en Venezuela, pero son muchas más las que falta por cambiar. Al respecto mencionaremos los aspectos más relevantes.

En lo político, ni toda la oposición es impoluta y conformada por «santos varones”, ni todo el chavismo está conformado por pillos, desalmados y criminales. Existe un espacio muy importante fuera de la visión maniquea de buenos y malos. Allí está lo más fértil del recurso humano del país. Hubo, al comienzo de Chávez, funcionarios competentes y honrados que jaloneaban la optimización de la gestión pública. Quedaron por el camino.

No existió un único Hugo Chávez. El personaje mutó y, de ser un presidente con amplísima mayoría, voluntad y formas democráticas, se fue transformando en autócrata y giró hacia un izquierdismo radical influenciado por el castrismo cubano, al cual, al final de su vida, se entregó literalmente. Designó sucesor a Maduro, ahijado de los cubanos. Su peor decisión.

Maduro comenzó en 2013 un ejercicio del poder careciendo de formación, talento y amor por Venezuela. Ordenó meter preso al mejor ministro de su primer gabinete y Miguel Rodríguez Torres, conocido como «el preso de Maduro», pasó cinco años tras las rejas. Destruyó la cohesión nacional, arruinó la economía, expulsó a más de siete millones de venezolanos, llenó las cárceles de presos políticos, puso de moda las ejecuciones extra judiciales, quebró la institucionalidad y corrompió a curas, magistrados, militares y políticos. Con inclinación al pillaje, lo promovió desde el Estado, convirtiéndose Venezuela en paraíso y base logística de todo aquel, persona u organización, que tuviese como afán destruir la cultura occidental, especialmente Estados Unidos.

Su último delito fue robarse las elecciones del 28 de julio de 2024 Craso error… Talleyrand decía que «el poder sin moral es solo una fuente de corrupción»…esa frase parece dirigida a Maduro: inmoral, ilegítimo y corrupto.

El presidente usurpador se volvió no potable y solo fue cuestión de tiempo para que en su entorno germinara un acuerdo con los americanos para llevárselo «en cualquier momento». Esas mismas Fuerzas Armadas que Maduro detestaba y que irrespetó tantas veces, fueron su talón de Aquiles, pues la hirió hasta ser una organización eunuca, sin entrenamiento, sin vocación y sin moral. Bastaron veintisiete minutos para que, en una operación tácticamente impecable, se llevaran a su flamante Comandante en Jefe. Nadie disparó. Nadie reaccionó. Nadie cumplió. Nadie defendió.

Padrino López y los hermanitos Larez, generales de utilería, quedarán en la historia como el summum de la incompetencia, mediocridad y traición al Código de Honor.

Finalmente, en esta etapa de transición está Delcy Rodríguez, caminando sobre un hilo: de un lado la presionan los chavistas radicales, y del otro los EEUU, único actor que ha puesto carne en el asador. Para que pueda avanzar debe complacer un poco a cada uno y tener el tiempo suficiente. Quien quiera de verdad a Venezuela, debe arrimar sus esfuerzos por una transición en paz, que las añoradas elecciones generales no sean pasado mañana. No es tiempo de prisas, sino de prudencia y paciencia. En este momento el éxito de Delcy es el éxito de los venezolanos.

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