Cristina Marcén
Había expectación por escuchar a Karima Benyaich. La tradicional recepción que la embajadora de Marruecos ofreció este jueves en su residencia de Madrid con motivo de la Fiesta del Trono coincidía con una jornada especialmente delicada para las relaciones entre Rabat y Madrid tras la llegada masiva de ciudadanos marroquíes a Ceuta. Era inevitable que todas las miradas estuvieran puestas en su discurso.
La recepción, una de las más concurridas del calendario diplomático en España, reunió a representantes del Gobierno, del cuerpo diplomático y de las principales instituciones del Estado. Entre los asistentes se encontraban el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas; el expresidente del Gobierno Felipe González; el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo; el magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz; el periodista y académico Juan Luis Cebrián, con una destacada representación de los países árabes, además de representantes del mundo político, empresarial, académico y cultural.
La embajadora de Marruecos en España no esquivó la cuestión que monopolizaba la actualidad. Aseguró que los gobiernos de Marruecos y España mantienen un contacto permanente para gestionar la situación creada en Ceuta y reiteró el compromiso de su país con una inmigración «legal, ordenada y segura».
«Nuestros gobiernos y nuestros ministros están continuamente en contacto para resolver esta situación», afirmó. Benyaich añadió que Marruecos quiere el regreso de quienes han cruzado ilegalmente la frontera y reconoció que «no es algo que nos complazca».
A partir de ahí, la embajadora defendió la cooperación entre ambos países como el eje sobre el que debe seguir construyéndose la relación bilateral. Recordó la colaboración en materia de seguridad, la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, la gestión de los flujos migratorios y programas como la migración circular o la Operación Marhaba, que cada verano facilita el tránsito de millones de ciudadanos marroquíes residentes en Europa.
«Solo catorce kilómetros nos separan y nos unen», afirmó en uno de los momentos más significativos de su intervención. Con esa frase resumió una idea que atravesó todo su discurso: la cercanía geográfica ha convertido a Marruecos y España en dos socios con intereses compartidos y una intensa agenda de colaboración.
Benyaich repasó también la transformación experimentada por Marruecos durante los veintisiete años de reinado de Mohamed VI. Destacó el desarrollo de las infraestructuras, el crecimiento de sectores estratégicos como la automoción, la aeronáutica y las energías renovables, así como el fortalecimiento de la protección social y el impulso a la inversión.
La embajadora recordó además que España continúa siendo el primer socio comercial de Marruecos desde hace mas de una década y subrayó la intensidad de los intercambios económicos entre ambos países. También hizo referencia a proyectos compartidos, como la organización del Mundial de Fútbol de 2030 junto a España y Portugal, que, a su juicio, reforzarán aún más los vínculos entre ambas orillas del Estrecho.
La parte institucional dio paso después a una velada dedicada a la cultura marroquí. Los jardines de la residencia acogieron un cóctel en el que la gastronomía del Reino volvió a ocupar un lugar protagonista. El broche lo puso la actuación de la cantante Sanaa Marahati, una de las voces más destacadas de la música marroquí contemporánea y reconocida intérprete del repertorio clásico andalusí, que ofreció a los invitados una muestra del rico patrimonio musical de Marruecos.


