Col (Ret) José Fuentes. Experto en Inteligencia Económica
Mark Carney, primer ministro canadiense, expuso de forma descarnada en el Foro de Davos en enero de este año la situación política actual. “Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio de coerción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar”.
Lo que observamos a diario en los medios de comunicación y RRSS, nos indica claramente que la situación descrita por el PM canadiense, lejos de ralentizarse se está acelerando. Las alianzas se recomponen, los Organismos supranacionales se debilitan, los acuerdos se incumplen y los conflictos bélicos no terminan de apagarse. De forma paralela y acelerada, el desarrollo de la IA nos lleva hacia un terreno incierto en el que la tecnología va por delante de las empresas, se demanda menos estructura y más inteligencia y no se puede esperar a su implementación, ante el riesgo de quedarse atrás y aumentar la deuda cognitiva, tanto con nuestros competidores más cercanos como con los gigantes tecnológicos de EEUU y China.
Nos encontramos en un momento de cambios rápidos, de aceleración de la historia. De competencia geopolítica y geoeconómica en el que las cadenas de suministro son frágiles, de amenazas híbridas en el que el control del “dato” se ha vuelto estratégico. Algunos países cierran sus fronteras a determinadas aplicaciones, sistemas operativos y RRSS
extranjeras, intentando mantener su soberanía tecnológica y digital, tanto a nivel del Estado como de las empresas.
Según Harbulot (2013), la economía ha desplazado a la confrontación militar como principal instrumento de poder. La Estrategia de Seguridad Nacional USA de 2025 (NSS 2025) establece claramente que “solo los intereses vitales deben guiar la acción exterior”. Entre ellos y al mismo nivel que los demás, indica la “Seguridad económica, energética e industrial.
Ante esta situación descrita, ¿Como saber lo que está pasando en tiempo oportuno, como discriminar lo importante de lo accesorio, como entender lo que hacen nuestros competidores, como identificar y proteger adecuadamente los sectores vitales de nuestra economía a futuro? Estas y otras preguntas son las que se hacen las economías más importantes del planeta. Algunas de ellas en nuestro entorno próximo, hace ya algo más de tres décadas, establecieron como prioridad del Estado la Inteligencia Económica (IE). Francia es un ejemplo claro. Así, la entiende como “obtener, analizar, valorar y difundir y proteger la información económica estratégica a fin de reforzar la competitividad de un Estado, empresa o de un organismo de investigación”. Alemania, Suecia y Finlandia, entre otros, son países dentro de la UE que también llevan décadas implementando esta disciplina. Canadá, por su parte, ha incrementado recientemente de forma notable, su legislación y estructuras en esta materia. En Asia, Corea del sur y Japón, son países donde sus ciudadanos están tan concienciados de esto que existe lo que se podría definir como una “inteligencia colectiva”.
Aterrizando la definición francesa en términos más prácticos, una Unidad de IE debe estar organizada en tres áreas diferenciadas pero coordinadas entre sí. La primera dedicada a Inteligencia (mediante las distintas formas de obtención de esta), la segunda de Contrainteligencia (vital la concienciación y fortalecimiento de nuestras comunicaciones a todos los niveles, ciberseguridad, etc.) y por último, otra de Influencia/imagen, muy ligada a la Comunicación del país y sus empresas.
Todas las naciones citadas han implementado con distinta filosofía, pero con el mismo fin, estructuras ad hoc para materializar dentro de la administración, la IE mediante un Sistema de Inteligencia Económica (SIE). Este, debe estar basado en cuatro pilares troncales. Colaboración público-privada, a todos los niveles. Dirección centralizada, al más alto nivel para que la coordinación sea real y eficaz. Geometría variable, es decir, incorporar sólo a aquellos actores que aporten valor en cada caso y tema a tratar. Por último y transversal a todo el, la Confidencialidad de las reuniones y los sistemas de comunicación entre los componentes de este es absolutamente esencial si realmente se quiere compartir información con alto valor añadido. Redes de comunicación seguras, sistemas móviles endurecidos con tecnología nacional, sistemas de mensajería propios, correos cifrados, etc. Todo lo anterior requiere una concienciación y mentalización muy importante de los componentes del Sistema.
Llegados ai este punto entiendo querido lector se preguntará dónde está España en todo esto. Veamos:
La Estrategia Española de Seguridad (EES) de 2011 introdujo por primera vez el “desarrollo de un sistema de inteligencia Económico (SIE), en colaboración con el sector privado, para la obtención y análisis de información económica, financiera y empresarial relevante para la seguridad, que permita detectar y prevenir actuaciones contrarias a nuestros intereses y apoyar la acción del Estado y una mejor toma de decisiones en este ámbito”. No se incluyó mecanismo alguno para materializar esta propuesta.
La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de 2013 indicaba “se potenciará un sistema de inteligencia económica en colaboración con el sector privado”. Al igual que en el 2011, no se incluyeron mecanismos prácticos ni medidas adicionales para su posible implementación.
Por su parte, en la ESN de 2017 no se citaba mención alguna al posible SIE y se hablaba de forma genérica de “mejorar la coordinación entre los órganos existentes”. En el caso de la ESN 2021 actual, si bien enumera funciones de IE no cita expresamente la necesidad de su implementación. Eso sí, incluye una definición de seguridad económica. “Garantizar la estabilidad y competitividad de la economía nacional, protegiendo los intereses económicos españoles, asegurando la disponibilidad de recursos estratégicos y la resiliencia del sistema económico ante amenazas existentes.
¿Cuál ha sido la materialización práctica de todos estos documentos en algo tangible que pueda coadyuvar a la colaboración público-privada y reforzar la competitividad de un Estado, empresa o de un organismo de investigación? La respuesta, siendo políticamente correcto, es que ha sido muy escasa. Nuestros competidores van más rápido, llegan más lejos y “golpean” más fuerte.
En consecuencia, urge en opinión de este autor, el establecimiento de un SIE a nivel nacional en el que se materialice, de forma sistémica y no esporádica, la tan necesaria colaboración público-público y público- privada.
Para finalizar y utilizando un símil futbolístico, recordemos a Rinus Michels. Revolucionó el futbol en la década de los 70, entrenador primero del Ajax de Amsterdam y posteriormente de la selección nacional holandesa. Donde antes los jugadores se encontraban cómodos en zonas fijas del campo, ahora les exigió una excelente preparación física y técnica, para que pudieran intercambiar sus posiciones, apoyarse y colaborar mutuamente. Se conoció como el “futbol total”. De igual manera, en España la administración pública debe ponerse en forma y coordinarse primeramente entre ella, público-público y a su vez con el tejido empresarial, público-privada. Trasladar la filosofía del futbol total a la colaboración total.
El mundo no espera a nadie. Facta non verba. Pues eso.
