Como era de esperar, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad han terminado sin acuerdo. Tras más de veinte horas de conversaciones, ambas partes han abandonado la mesa con posiciones apenas modificadas. Nada nuevo. Cada intento se presenta como decisivo y acaba en el mismo punto. No es un problema de voluntad negociadora. Las demandas de ambas partes son, en lo esencial, innegociables. Para Washington, el programa nuclear iraní debe ser limitado y sometido a control. Para Teherán, forma parte de su soberanía. A esto se suma su proyección regional, que Estados Unidos busca contener y que Irán considera imprescindible. En ese contexto, negociar no significa acercar posiciones, sino reafirmarlas. Por eso los acuerdos no llegan. Más que un fracaso puntual, lo ocurrido en Islamabad refleja un conflicto que no tiene una salida clara.
Ese conflicto se remonta a 1979. La Revolución islámica alteró el equilibrio interno de Irán y redefinió su lugar en el sistema internacional. Desde entonces, la relación con Estados Unidos ha estado marcada por una lógica de confrontación que trasciende coyunturas concretas. A esta realidad de intereses enfrentados se suman, a la vez, marcos de referencia incompatibles sobre cómo debe organizarse el orden internacional. En este sentido, como apunta José Antonio Gurpegui en Trumpismo y reconfiguración global. El tortuoso camino hacia un nuevo orden mundial (2026), en un contexto de deterioro del orden posterior a la Guerra Fría, la capacidad de Estados Unidos para integrar a actores disidentes se ha reducido de forma notable. Nos movemos en un entorno internacional cada vez más fragmentado. Los conflictos no se resuelven. Se mantienen en equilibrios inestables. La relación de Estados Unidos con Irán deja de ser una anomalía para convertirse en un síntoma de un desorden más amplio.
Desde esa lógica, centrar el análisis en los dirigentes iraníes resulta insuficiente. A diferencia de otros casos, el poder en Irán no depende de una figura única cuya desaparición altere el rumbo del régimen. La República Islámica ha construido, con el paso del tiempo, una estructura en la que instituciones, élites religiosas y aparatos de seguridad se reparten la capacidad de decisión, una hidra política capaz de regenerarse sin alterar su comportamiento esencial. Los cambios en la cúpula, cuando se producen, rara vez introducen rupturas profundas y suelen limitarse a ajustes internos. Las políticas orientadas a debilitar o sustituir liderazgos no han generado los efectos esperados. Más bien al contrario, han contribuido a reforzar dinámicas que favorecen la continuidad. En ese sentido, la clave no está en la figura concreta que ocupa el liderazgo en un momento
dado, sino en la persistencia de un sistema teocrático que ha demostrado una notable capacidad de adaptación.
En ese contexto, el conflicto ha ido adoptando una forma menos visible pero más persistente. Hay una acumulación de episodios que configura un enfrentamiento continuo, sin declaración formal de guerra. Las tensiones con las naciones del golfo, la presión sobre las rutas marítimas, episodios como el cierre del estrecho de Ormuz, o la actividad de actores vinculados a Irán en distintos escenarios regionales (Hezbolá en el Líbano, o los hutíes en Yemen) forman parte de una misma dinámica. No son acciones aisladas. Responden a una estrategia que busca erosionar al adversario sin desencadenar, de momento, una confrontación directa a gran escala. Todo esto difumina la distinción entre paz y guerra. Obliga a moverse en un espacio ambiguo. Los efectos son limitados, pero se acumulan. El conflicto acaba desvinculándose de decisiones aisladas y adopta la forma de un proceso prolongado, donde la capacidad de resistir y adaptarse pesa más que la obtención de victorias puntuales.
Ese carácter prolongado del enfrentamiento introduce un elemento adicional que complica cualquier salida. A medida que el conflicto se alarga, las posiciones se endurecen y los costes de modificar la estrategia aumentan. En este escenario, Irán se mueve mejor. Para la teocracia iraní, mantener el pulso forma parte de su lógica de supervivencia. Para Estados Unidos, ceder en determinados puntos podría interpretarse como una señal de debilidad en su carrera con China por la hegemonía global. En ese equilibrio inestable, ambas partes parecen asumir que gestionar el conflicto es preferible a intentar resolverlo en términos definitivos. Gestionar el conflicto no reduce la tensión, sino que la mantiene dentro de unos márgenes controlados que pueden desbordarse en cualquier momento. Cuanto más se prolonga esta dinámica, más difícil es imaginar cambios reales.
Llegados a este punto, la cuestión es si existe realmente una vía viable para poner fin de forma duradera a esta crisis. Hay precedentes históricos de conflictos que solo se resolvieron cuando una de las partes impuso un desenlace que eliminó cualquier margen de continuidad. El caso de Japón en 1945 suele aparecer como referencia cuando se plantea esta posibilidad. Sin embargo, trasladar ese precedente al contexto iraní supondría adentrarse en un terreno completamente distinto, con implicaciones que van mucho más allá del propio conflicto bilateral. No sería solo una escalada militar. Alteraría de forma profunda el actual equilibrio internacional, con consecuencias difíciles de prever. Esa opción se mantiene en el ámbito de lo impensable, aunque no del todo ausente. Y es
precisamente ahí donde se sitúa el problema. No hay una salida clara. Cuando desaparecen las salidas, lo que queda no suele ser mejor.
Fuentes:
“La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán – 11 de abril de 2026 | Teherán defiende su posición y acusa a Washington de “exigencias excesivas” en las conversaciones”. El País, 12 de abril de 2025, https://elpais.com/internacional/2026-04-11/ultima-hora-de-la-guerra-de-estados-unidos-e-israel-contra-iran-en-directo.html.
Nakhoul, Samia. “Analysis-As Trump Claims Victory, Iran Emerges Bruised but Powerful with Leverage Over Hormuz”. AOL, 9 de abril de 2026, https://www.aol.com/articles/analysis-trump-claims-victory-iran-174730851.html.
Stephen, N.R. “Inside US–Iran Talks: Why Gaps Persist and What Comes Next”. Gulf News, 12 de abril de 2025, https://gulfnews.com/world/americas/inside-us-iran-talks-why-gaps-persist-and-what-comes-next-1.500504255.
“US-Iran Ceasefire Talks: What Are the Key Sticking Points?”. Al Jazeera, 12 de abril de 2026, https://www.aljazeera.com/news/2026/4/12/us-iran-ceasefire-talks-what-are-the-key-sticking-points.
Los derechos de este artículo han sido cedidos por Instituto Franklin.

