<h6><strong>Eduardo González</strong></h6> <h4><strong>Bélgica ejercerá desde hoy y hasta el 1 de julio la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, que sustituirá a la ejercida por España en el segundo semestre de 2023 y que se enfrentará al reto de las trascendentales e imprevisibles elecciones europeas del próximo mes de junio.</strong></h4> <strong>A Bélgica le corresponde la segunda posición del actual Trío de Presidencias, que arrancó con España y concluirá, a partir de julio de 2024, con Hungría</strong>. Cada Trío de Presidencias tiene una duración de 18 meses y, en este período, los tres Estados miembros elaboran agendas y prioridades comunes. Luego, cada país da su propia interpretación al respecto durante su Presidencia, pero siempre con la base del programa común. Se da la circunstancia de que el mecanismo del Trío se implementó oficialmente en 2010 a través del Tratado de Lisboa y que los tres primeros países en formar un Trío de Presidencia fueron, precisamente, España, Bélgica y Hungría, los mismos que en esta ocasión. <strong>El programa común del actual Trío de Presidencias</strong> se centra en retos como la guerra de agresión rusa contra Ucrania, la necesidad de reforzar la resiliencia europea ante la creciente incertidumbre mundial y la autonomía estratégica. Todo ello requiere reforzar la competitividad mundial de la UE a través de una fuerte base industrial compatible con la transición ecológica y digital y la innovación. Otros retos del Trío son el refuerzo del multilateralismo y la seguridad en todas sus dimensiones, el desarrollo de una política comercial ambiciosa y equilibrada y el desarrollo de la capacidad de la UE en materia de seguridad y la defensa. Al trabajar juntos, las prioridades compartidas pueden desarrollarse durante un período de 18 meses y están menos sujetas al cambio semestral de Presidencia. Al mismo tiempo, cada Estado miembro tiene la libertad de poner su propio sello en el Consejo como presidente. En este caso,<strong> las seis prioridades de la Presidencia belga</strong> son la defensa el Estado de derecho, la democracia y la unidad; el fortalecimiento de la competitividad europea, la defensa de una transición ecológica justa, el refuerzo de la agenda social y sanitaria, la protección de las personas y las fronteras y la promoción de una Europa global. El programa y las prioridades de la Presidencia belga fueron presentados el pasado 8 de diciembre por <strong>el primer ministro, Alexander De Croo, y la ministra de Asuntos Exteriores, Hadja Lahbib</strong>, durante una rueda de prensa en Bruselas. “No tenemos tiempo que perder. La Presidencia belga debe estar a la altura del reto. Esto es lo que esperan los ciudadanos y eso es lo que vamos a hacer”, aseguró el primer ministro. “Bélgica quiere que esta Presidencia sea un éxito colectivo para Bélgica, Europa, sus ciudadanos y su lugar en el mundo”, agregó Hadja Lahbib, cuyo Departamento se ha estado preparando para esta responsabilidad durante varios años. Para sacar adelante sus objetivos, explicaron, la Presidencia belga va a seguir <strong>tres directrices principales. </strong>La primera es la protección de la población, lo que implica garantizar la seguridad y el bienestar de los ciudadanos europeos asegurando las fronteras, protegiendo la democracia y el Estado de Derecho, reforzando la agenda social y sanitaria y manteniendo la unidad europea y el apoyo a Ucrania. La segunda directriz es el fortalecimiento de la economía. “Tenemos una necesidad urgente de aumentar la competitividad de la UE a escala mundial, al tiempo que afrontamos el reto de una transición económica ecológica, digital y justa”, declaró De Croo. La tercera directriz es la preparación “para el futuro”, incluida la reforma de la UE, sus políticas, sus presupuestos y sus instituciones con vistas a la próxima posible ampliación. Otro de los grandes retos de la Presidencia belga es afrontar los resultados de <strong>las elecciones europeas del próximo mes de junio</strong>. Ello quiere decir que la Presidencia española fue la última completa antes del próximo ciclo legislativo europeo y que en el primer semestre de 2024 concluirá la actual legislatura del Parlamento Europeo y se iniciará un periodo de paralización de la actividad parlamentaria en el que, normalmente, no se aprueba nada importante. Aparte, uno de los grandes fantasmas a que se enfrentará el semestre belga es el posible incremento en el Parlamento Europeo de fuerzas de extrema derecha abiertamente contrarias al proyecto europeo.