Viktor Orbán
Primer Ministro de Hungría
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea siempre ha sido una parte importante de la compleja maquinaria de la UE. Sin embargo, las ambiciones del Tribunal han crecido hasta un nivel sin precedentes, y se ha autodesignado como el buque insignia del proyecto federalista europeo. Así se desprende de las declaraciones del Presidente del Tribunal en relación con el caso que le han planteado Polonia y Hungría, y la correspondiente sentencia, que se espera para el 16 de febrero. Las declaraciones del Presidente del Tribunal se considerarán documentos importantes en la historia de la Unión Europea.
El 16 de febrero, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronunciará sobre la posibilidad de imponer condiciones políticas e ideológicas al desembolso de los recursos financieros a los que tienen derecho los Estados Miembros.
Las declaraciones del Presidente del Tribunal no dejan lugar a dudas sobre la probable decisión, ya que ha afirmado que lo que deben decidir los jueces de Luxemburgo no es el caso que tienen ante sí, sino el futuro de la integración europea. En otro lugar también ha dejado claro que la sentencia será la base de la siguiente fase de la integración.
Por lo tanto, la sentencia del 16 de febrero revela que el Tribunal de Justicia considera deseable una Europa federal. No es una gran sorpresa: cuando ha visto que la maquinaria de la integración europea se estancaba, el Tribunal siempre ha empujado a la UE hacia el federalismo; ha ampliado a propósito sus competencias y ha socavado los baluartes de la soberanía nacional. En realidad, estas decisiones no son de naturaleza jurídica, sino política, y el derecho se utiliza simplemente como instrumento para imponer una resolución política. La voz puede ser la de Jacob, pero las manos son las de Esaú.
Pero esta experiencia plantea una cuestión fundamental. ¿Quiénes son los verdaderos dueños del futuro de la integración europea?
Para el Tribunal, la mayor integración europea posible es un objetivo que prima sobre cualquier otra consideración y valor. Sus miembros piensan que los jueces y el Tribunal pueden sustituir a los responsables políticos. Piensan que no sólo pueden administrar el derecho, sino también crearlo y desarrollarlo. Piensan que pueden obligar a los Estados Miembros a pasar a la siguiente fase de integración. Creen que pueden poner a los Estados Miembros bajo la tutela de las instituciones de la UE en relación con cuestiones sobre las que la UE no tiene competencias. Piensan que esto puede lograrse con el chantaje presupuestario.
Nosotros, por el contrario, creemos que el futuro de la integración europea está en manos de los Estados Miembros y de los ciudadanos de esos Estados Miembros. Somos nosotros los que constituimos las fuentes y somos los custodios últimos de nuestros valores europeos compartidos. Pensamos que son los Estados Miembros y sus ciudadanos los únicos que deben decidir cómo quieren cooperar y qué competencias quieren ejercer conjuntamente. Pensamos que el Tribunal no puede privarnos de nuestros derechos fundamentales. Creemos que el Tribunal no puede crear nuevas competencias de la UE de la nada.
En esta lucha nos encontramos en una posición de desventaja. El derecho de la UE no nos proporciona instrumentos que podamos utilizar contra las decisiones políticas del Tribunal, y contra la ampliación de poderes de forma furtiva. Por lo tanto, los Estados Miembros deben tomar medidas colectivas para defender sus derechos.
Los Estados Miembros no deben aceptar una situación en la que las decisiones políticas sean tomadas por el Tribunal de Justicia Europeo, en lugar de por los pueblos y gobiernos de los Estados Miembros. Esta causa no es sólo de Polonia y Hungría: es la causa común de todos los ciudadanos europeos y de los Estados Miembros. ¡Despierta, Europa!
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