Xabier González Barcos
Cada 5 de junio, Dinamarca celebra el Grundlovsdag, el Día de la Constitución, una de las fechas más significativas del calendario político danés. La jornada conmemora la promulgación de la Constitución de 1849 —que puso fin a la monarquía absoluta e instauró el parlamentarismo moderno— y simboliza, todavía hoy, el profundo arraigo democrático de uno de los países con mayor estabilidad institucional y desarrollo social de Europa.
Para España, esta celebración representa también una oportunidad para poner en valor unas relaciones bilaterales que, en los últimos años, han experimentado una creciente consolidación política, económica y estratégica. Madrid y Copenhague mantienen hoy una interlocución fluida y una notable convergencia en cuestiones clave de la agenda europea, desde la transición energética hasta la autonomía estratégica de la Unión Europea, pasando por la defensa del multilateralismo y el apoyo continuado a Ucrania frente a la agresión rusa.
Lejos de tratarse de una relación estrictamente protocolaria, España y Dinamarca han ido configurando una cooperación cada vez más sólida en sectores considerados prioritarios para el futuro económico e industrial europeo. La energía constituye, probablemente, el ámbito más representativo de esta aproximación.
Dinamarca se ha consolidado durante las últimas décadas como una referencia internacional en energía eólica, especialmente en el ámbito offshore, mientras que España continúa reforzando su posición como uno de los principales polos europeos de energías renovables y desarrollo de hidrógeno verde. La complementariedad entre ambas economías ha favorecido una intensa colaboración empresarial e institucional, impulsada además por el contexto geopolítico derivado de la crisis energética europea.
Durante la visita de Estado de los Reyes de España a Dinamarca en noviembre de 2023, Felipe VI destacó precisamente el papel de ambos países “a la vanguardia del sector europeo de las energías limpias”, subrayando la importancia de la innovación tecnológica y de las inversiones conjuntas en infraestructuras sostenibles. En un momento en que la Unión Europea busca reducir dependencias estratégicas y reforzar su seguridad energética, la cooperación hispano-danesa adquiere una dimensión que trasciende lo estrictamente bilateral.
La dimensión económica de la relación también mantiene una evolución estable y diversificada. Aunque Dinamarca no figura entre los principales socios comerciales de España en términos absolutos, el intercambio bilateral continúa creciendo en sectores de alto valor añadido. España exporta al mercado danés productos industriales, vehículos, bienes agroalimentarios y equipamiento tecnológico, mientras que Dinamarca mantiene una posición destacada en ámbitos como la maquinaria avanzada, la industria farmacéutica y las tecnologías vinculadas a la sostenibilidad.
Precisamente, el sector biomédico y farmacéutico se perfila como uno de los espacios con mayor potencial de cooperación futura. Dinamarca alberga algunas de las compañías líderes europeas en investigación médica y biotecnología, en un ecosistema altamente competitivo que ha convertido al país nórdico en uno de los grandes centros europeos de innovación sanitaria. España, por su parte, busca reforzar su capacidad industrial y científica en este ámbito mediante nuevas inversiones estratégicas y programas de reindustrialización tecnológica.
El turismo continúa siendo, asimismo, uno de los vínculos humanos y económicos más relevantes entre ambos países. España sigue situándose entre los destinos preferidos por los ciudadanos daneses, atraídos por la oferta cultural, gastronómica y climática española. El visitante danés, además, presenta habitualmente un perfil de elevado poder adquisitivo y un creciente interés por modelos de turismo sostenible y de calidad, una tendencia que encaja con la transformación que impulsa actualmente el sector turístico español.
Más allá de las cifras económicas, la relación entre Madrid y Copenhague refleja también una creciente afinidad política dentro de la arquitectura comunitaria. Ambos gobiernos comparten posiciones similares en cuestiones fundamentales para el futuro europeo, como la necesidad de reforzar la competitividad de la Unión, acelerar la transición ecológica o fortalecer la capacidad de actuación comunitaria en un escenario internacional cada vez más fragmentado e incierto.
Esta convergencia estratégica resulta especialmente relevante en el actual contexto geopolítico. Mientras Dinamarca aporta una reconocida experiencia en innovación, eficiencia institucional y transición verde, España ofrece una posición geográfica clave para la conectividad energética y comercial europea, además de una creciente proyección hacia el Mediterráneo, América Latina y África.
En ese equilibrio de capacidades y prioridades compartidas se sustenta una relación bilateral que ha ganado profundidad y proyección durante los últimos años. La celebración del Día Nacional danés permite así reconocer no solo la fortaleza democrática de Dinamarca, sino también la madurez de una cooperación hispano-danesa que continúa ampliándose en sectores esenciales para el futuro de Europa.
En una Unión Europea obligada a redefinir su papel en un entorno internacional marcado por la competencia geopolítica, la incertidumbre energética y la transformación tecnológica, la relación entre España y Dinamarca representa un ejemplo de cooperación pragmática, estable y orientada a largo plazo. Un vínculo discreto en términos mediáticos, pero cada vez más relevante dentro de la construcción europea contemporánea.

