Texto y fotos: Juan David Latorre
El pasado viernes, el Centro Cultural Gabriel García Márquez de la Embajada de Colombia en España (calle Fortuny, 36) inauguró la exposición El futuro es botánico: ciencia, vivencias y relaciones de lo vivo, que se presenta en el marco de la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid ARCO 2026. La exposición permanecerá abierta al público hasta el 14 de mayo.
La muestra pretende explorar las complejas relaciones entre humanidad y naturaleza desde una perspectiva científica, cultural y sensorial. Partiendo de la idea de que la historia biológica y cultural de nuestra especie ha estado siempre entrelazada con la biodiversidad, la exposición reflexiona sobre cómo nuestras interacciones han transformado -y en muchos casos fragmentado- las redes que sostienen la vida.
A través de material fotográfico, ilustrado, sonoro y audiovisual, la exposición traza una cartografía narrativa que confronta distintas formas de conocimiento: la ciencia occidental que describe y clasifica, y la ciencia vivida que habita y encarna la naturaleza en la cotidianidad. Este cruce abre un espacio para repensar cómo percibimos, representamos y cuidamos lo vivo, tendiendo puentes entre investigación científica, memoria cultural y producción estética.
Durante más de 3.000 millones de años, la naturaleza ha tejido una red de interacciones infinita y misteriosa, vinculando a sus seres vivos de formas inesperadas y configurando las relaciones que han moldeado la vida como la conocemos hoy, en toda su complejidad y contradicción. Estas dinámicas ocurren en simultáneo, algunas se configuran como vínculos beneficiosos, mientras otros generan daño. Algunas entrelazan dos seres, otras son multiactor.
Algunas regeneran, otras sacrifican, algunas cumplen objetivos a corto plazo, mientras otras son estructurales y condicionan la existencia de uno o varios seres vivos. Una relación que inicialmente fue recíproca puede tomarse parásita, y aun así desencadenar nuevas formas de vida emergentes de un aparente desbalance. Las relaciones entre el ser humano y otros seres vivos se han cristalizado a través de un prisma predominantemente antropocéntrico. Esto ha llevado a la ruptura conceptual entre hombre y naturaleza, donde no nos concebimos como parte del mundo vivo, aun siendo animales mamíferos.
Esta exposición propone una cartografía narrativa de una minúscula porción de este tejido eterno de seres y relaciones. A través de material fotográfico, ilustrado y sonoro, confrontamos distintas maneras de percibir, representar y vincularnos con aquello que llamamos “naturaleza”.
Aquí dialogan y se confrontan dos aproximaciones fundamentales. La ciencia occidental, que describe, clasifica, desagrega y extrae, y las cosmologías territoriales, que habitan, encarnan y se relacionan cotidianamente con lo vivo desde lo afectivo y lo situado. De esta tensión surge una pregunta, ¿por qué conservar la biodiversidad? Quizás su protección no es únicamente un imperativo ecológico, sino también una necesidad ética y cultural. En la persistencia de la vida diversa se juega el equilibrio planetario y, por ende, la posibilidad de imaginar y crear futuros que nos contengan.
La inauguración se realizó en el marco del tradicional desayuno institucional que ofrece la Embajada de Colombia como parte del Circuito GUEST de ARCO. Asimismo, se presentó la obra Gonawindúa, del artista colombiano Perkys, inspirada en la Sierra Nevada de Santa Marta y elaborada con pigmentos orgánicos tradicionales.



