Empieza a cundir la impresión de que el manejo del mundo por parte de los humanos está entrando en crisis. Sabemos que cuando una situación crítica se consolida no lo hace en singular. Junto a ella van otras varias, bien sean materiales o emocionales. Esto, que antes se pensaba que tenía un ámbito de cercanía o personal, ha pasado a mundializarse. En muchos argumentos, en bastantes retos, se habla de la triple crisis sistémica: clima, biodiversidad y contaminación. Si cada una de las gobernanzas -digamos mejor atenciones incompletas y parciales- viaja sola, produce desequilibrios en los otros ámbitos. Este silogismo lo sabían mis alumnos del instituto. Remachábamos una y otra vez que nunca se puede perder de vista el “todo interrelacionando”. Por eso, nuestra Comisión Ambiental del Centro (CAC) no solo se ocupaba de mejorar el uso del agua, el papel, la energía consumida y la producción de residuos. Se ejercitaba en manejar la movilidad personal y colectiva. En más de una ocasión comparaba los recursos gastados en disponer de lo básico, lo importante o lo superfluo. ¡Ah!, y de las relaciones dentro del centro que sostenía la afectividad positiva y los compromisos más duraderos. Pero claro, de esto hace ya diez años. Ignoro si ahora sucede lo mismo.
¡Que diez años son muchos vista la aceleración de las relaciones sociales y mercantiles! Las palabras del filósofo Daniel Innerarity en una reciente entrevista nos refuerzan el argumento sistémico: Nos encontramos ante una crisis total. Como tal, no puede ser manejada sectorialmente, aislada de sus circunstancias. Requiere que todos los agentes se impliquen. Y aquí nos topamos con la gran dificultad. Nuestro entramado institucional no está preparado para hacer frente a la situación. De él aprendimos que no se puede solucionar una multicrisis general con una acción particular, por más que esta sea tan importante como la descarbonización de la economía y de la vida personal. Siempre encontraremos intereses contrapuestos. Ahora mismo, las energéticas han sido beneficiadas por un retraso en las normativas comunitarias. Dicha medida, además de los riesgos anexos, puede generar una relajación de los europeos que aspiraban a una movilidad sin contaminación. Lo cual lleva a más de uno a la duda razonada si es más importante la salud o la economía.
En realidad, la vida planetaria se ha convertido en una especie de sudoku. Pero no tiene solamente 81 casillas como los clásicos; es un sudoku encadenado de esos que nos traen los periódicos los fines de semana. Se necesita mucho tiempo para intentar resolverlo. Pongamos el caso de España, el país europeo que más kilómetros de alta velocidad ferroviaria posee. Suponemos que para “ahorrar tiempo y consumo de combustibles” a sus ciudadanos. A la vez, ha desmantelado el tren convencional, que vertebraba el territorio; lo cual obliga a depender del vehículo privado y usar combustibles fósiles. Pensemos en “la sensatez” de los gobiernos españoles, que desde hace veinte años gastan en alta velocidad (2 % de viajeros) y desatienden los trenes convencionales que utiliza el 98 % de la ciudadanía. No solo eso, es el país de la UE que más mercancías transporta en camiones por carretera; un atentado ecológico, climático, contra la biodiversidad y la salud ciudadana. No sé dónde lo he leído, pero allá va: reconocer… es algo tan sustancial en la vida que se escribe lo mismo al derecho que al revés.
Pongamos el ejemplo de las recurrentes inundaciones que provocan los colapsos meteorológicos que soportan amplias zonas del mundo y de Europa. No son casualidades, sino consecuencias del sistema global: el comportamiento de las masas de aire, de las fluctuaciones, no se parece a aquellas para las que estábamos acostumbrados. Además, dice la ciencia que los humanos somos incentivadores indirectos de los “cambios” experimentados en la globalidad climática. Es decir, que existe una interacción entre sociedad y contaminación acumulativa, que también afecta a la biodiversidad. De todos es conocido que los productores agrícolas españoles –pero no solo- están subiendo de nivel de altitud sus cultivos, muy afectados por el incremento de las temperaturas. El cultivo de la vid podría servir de ejemplo. También el incremento de las temperaturas en costas y aguas mediterráneas que ya afecta al turismo estacional según algunos estudios, y tendencias ya comprobadas. Volvamos al reconocer.
Hemos de ocuparnos ya en rellenar con acierto el sudoku, que no crucigrama. Aunque sea necesario hacerlo poco a poco. Seguro que nos servirán lo que cita el informe (aquí nota de prensa) de “La VII Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente (UNEA-7)”. Digamos que este es el principal órgano de toma de decisiones ambientales del mundo, pero también debemos aplicarlas en Europa y España. Aconseja invertir en la salud del planeta, pero nosotros conocemos que es “revisar el porvenir del mundo ecosocial”. Para lograrlo se precisa rellenar casillas que ilustren la manera de:
- Regenerar las economías y las finanzas. Utilizar el PIB como regulador social es un grave error. Es más conveniente reconocer la validez de la riqueza inclusiva; valorar correctamente los bienes mediante la fijación de externalidades positivas y negativas; eliminar y reorientar recursos que generen impactos negativos en la naturaleza.
- Materiales y desechos: Conseguir una mayor circularidad desde el diseño; proporcionar información de la transparencia y la trazabilidad de los productos (sus componentes y materiales); fomentar inversiones hacia modelos de negocios circulares y regenerativos; y, sobre todo, cambiar patrones de consumo hacia la circularidad mediante cambios de mentalidad.
- Energía: Descarbonizar el suministro energético mediante el aumento de la eficiencia energética. Además, abordar y enfrentar el acceso a la energía y la pobreza energética.
- Sistemas alimentarios: Adoptar dietas saludables y sostenibles, junto con la mejora de la circularidad y la eficiencia productiva. Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.
- Medio ambiente: Acelerar la conservación y restauración de la biodiversidad y los ecosistemas; respaldar la adaptación y resiliencia climáticas con el apoyo de soluciones basadas en la Naturaleza. Implementar, de inmediato, estrategias de mitigación climática.
En síntesis, para no hacer más largo el artículo, decir que el informe también detalla las consecuencias actuales y futuras de mantener modelos de desarrollo convencionales. Hay que empezar a consolidar las casillas del sudoku multicrisis en alianza gubernativa, empresarial y ciudadana. Lo que no se haga hoy corre el riesgo de que mañana sea demasiado tarde.
Carmelo Marcén Albero
Investigador ecosocial y analista de la Fundación Alternativas
Maestro y Doctor en Geografía. Ha sido profesor de Educación Primaria, Secundaria y Formación del Profesorado. Autor de artículos e investigaciones sobre medioambiente y educación recogidos en revistas especializadas como Cuadernos de Pedagogía, Investigación en la Escuela o Aula de Innovación educativa.
Premio Nacional “Educación y Sociedad” 1992 y 1993 por sus propuestas didácticas en torno al río y el paisaje vividos. Ha publicado varios libros sobre estas temáticas. Investigador colaborador del Dpto. de Geografía de la Universidad de Zaragoza y de la Fundación Alternativas de Madrid. Es miembro del Consejo de Ecodes (Fundación Ecología y Desarrollo).


