Islandia cierra la puerta a la Unión Europea y rechaza reabrir las negociaciones de adhesió

Multitud de personas sosteniendo carteles en contra de la Unión Europea en Islandia

Los islandeses se manifiestan en contra de la adhesión a la Unión Europea durante un referéndum.

Los islandeses han rechazado en referéndum retomar las negociaciones para incorporarse a la Unión Europea, suspendidas desde 2013. El «no» se ha impuesto con alrededor del 52,5% de los votos frente al 47,5% favorable a volver a sentarse con Bruselas. El resultado frena el intento del Gobierno de Kristrún Frostadóttir de reabrir el debate europeo y confirma que la soberanía nacional y, especialmente, el control de los recursos pesqueros continúan pesando más que las ventajas económicas y geopolíticas defendidas por los partidarios de una mayor integración.

Una victoria ajustada pero políticamente clara

Islandia ha vuelto a decir no a avanzar hacia la Unión Europea. El referéndum celebrado este sábado preguntaba exclusivamente si el país debía reanudar las negociaciones de adhesión interrumpidas hace más de una década y no suponía, por tanto, decidir directamente la entrada en la UE. Una victoria del «sí» habría permitido al Gobierno retomar las conversaciones con Bruselas y negociar las condiciones de una eventual incorporación, cuyo resultado tendría que haber sido sometido posteriormente a un segundo referéndum. La victoria del «no», con una ventaja cercana a cinco puntos, paraliza ahora ese proceso y deja nuevamente aparcada una candidatura presentada originalmente en 2009, durante la profunda crisis financiera que golpeó al país.

Reikiavik vota Europa, las zonas rurales dicen no

El resultado ha dejado al descubierto una profunda división territorial. Las dos circunscripciones de Reikiavik respaldaron claramente la reapertura de las negociaciones: el «sí» alcanzó aproximadamente el 57,5% en Reikiavik Norte y el 54,5% en Reikiavik Sur. La situación fue completamente diferente fuera de la capital. En el Sur, el rechazo superó el 60%; en el Noroeste se acercó al 63% y en el Nordeste también se situó por encima del 60%. La fotografía electoral muestra así dos Islandias: una capital más urbana, joven e internacionalizada, favorable a explorar una integración completa en Europa, y un territorio rural mucho más preocupado por las consecuencias que la pertenencia a la UE podría tener sobre su autonomía económica y sus recursos naturales.

La pesca vuelve a levantar una frontera con Bruselas

El control de la pesca ha sido nuevamente uno de los elementos determinantes de la campaña. Islandia mantiene una poderosa industria pesquera y considera la gestión de sus aguas y de las cuotas de captura una cuestión directamente vinculada a su soberanía nacional. Los partidarios del «no» han advertido de los riesgos de quedar sometidos a la Política Pesquera Común europea y han defendido que el país disfruta ya de buena parte de las ventajas económicas de la integración sin necesidad de convertirse en Estado miembro. Islandia pertenece al Espacio Económico Europeo, participa en el mercado único y forma parte del espacio Schengen, una situación que permite mantener una estrecha vinculación con la UE conservando al mismo tiempo competencias especialmente sensibles para su economía. Frente a ello, los europeístas defendían que esa relación obliga a Reikiavik a aplicar numerosas normas comunitarias sin participar plenamente en las decisiones que las determinan.

Un revés para Bruselas en un Ártico cada vez más estratégico

El resultado supone también un revés para la Unión Europea en un momento en el que el Ártico adquiere una creciente importancia geopolítica. La guerra de Ucrania, la competición por las rutas marítimas y los recursos de la región y la incertidumbre sobre la política estadounidense habían dado una nueva dimensión estratégica al debate islandés. Los defensores del «sí» presentaron la UE como una garantía adicional de estabilidad económica y política ante un escenario internacional cada vez más imprevisible, mientras sus adversarios sostuvieron que la pertenencia a la OTAN, la relación bilateral con Estados Unidos y los actuales acuerdos con Europa proporcionan suficiente protección. La decisión de los islandeses no aleja al país de Europa, pero sí establece un límite político claro: Islandia seguirá estrechamente integrada en las estructuras europeas, aunque, por ahora, continuará fuera de la Unión.

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