Albares defiende la cooperación con Marruecos y rechaza cualquier negociación sobre Ceuta y Melilla

José Manuel Albares durante su intervención en el Pleno del Congreso sobre el Sáhara Occidental

Albares durante el debate. / Foto: Congreso TV

Gonzalez Barcos
El ministro de Exteriores asegura ante el Congreso que la soberanía española de las dos ciudades autónomas “no se ha puesto, no se pone y no se pondrá” en cuestión, reivindica el papel de Rabat para contener la crisis migratoria y acusa a una “internacional reaccionaria” de instrumentalizarla mediante desinformación.

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha defendido este viernes ante el Congreso de los Diputados la actuación diplomática del Gobierno durante la crisis migratoria de Ceuta y ha asegurado que España mantiene una comunicación permanente con Marruecos para gestionar la situación fronteriza y evitar nuevos episodios de entrada masiva.

En una comparecencia a petición propia ante la Comisión de Asuntos Exteriores, Albares ha situado en tres ejes la respuesta de su departamento: la defensa “absoluta” de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, la cooperación con Marruecos para contener los flujos migratorios y el combate contra la desinformación que, a su juicio, contribuyó a desencadenar y posteriormente instrumentalizar la crisis.

El ministro ha sido especialmente tajante sobre el estatus de las dos ciudades autónomas. “Ni ha habido, ni hay, ni habrá nunca ningún tipo de conversación” con Marruecos sobre su soberanía, ha afirmado. Albares ha recalcado además que Exteriores ha rechazado “formalmente y por todos los cauces diplomáticos disponibles” cualquier declaración marroquí contraria a la integridad territorial española.

“Ceuta y Melilla son España y son Unión Europea, son parte de nuestra integridad territorial y de nuestra soberanía”, ha señalado el ministro. Ha añadido que sus habitantes son españoles y europeos “no solo de derecho, sino de corazón y de alma” y ha asegurado que “será así siempre”.

Marruecos, un interlocutor “indispensable”

Pese a la contundencia con la que ha rechazado cualquier negociación sobre la soberanía de las ciudades, Albares ha defendido que mantener abiertos los canales de comunicación con Rabat es imprescindible.

El ministro ha explicado que el contacto con las autoridades marroquíes comenzó “desde el primer momento” de la crisis y se mantiene de forma permanente. En particular, ha relatado sus contactos con su homólogo marroquí, Nasser Bourita, durante las jornadas de la entrada masiva y posteriormente para gestionar sus consecuencias.

Según Albares, Exteriores trasladó a Rabat tres peticiones principales. En primer lugar, que reforzara los medios desplegados en el lado marroquí de la frontera para detener el flujo de personas hacia Ceuta. En segundo término, que facilitara el retorno a Marruecos de quienes hubieran entrado irregularmente en territorio español. Y, finalmente, que adoptara medidas para impedir un nuevo intento de entrada masiva que había sido convocado para el 15 de agosto.

El ministro ha presentado esa cooperación como un elemento “esencial” para gestionar la crisis. Según los datos expuestos por Albares, alrededor del 90% de las personas que entraron irregularmente regresaron a Marruecos en menos de 48 horas. Asimismo, ha atribuido a la coordinación con Rabat parte de la prevención del intento de entrada que estaba previsto para el 15 de agosto.

Albares ha defendido de este modo una fórmula basada en combinar la firmeza sobre las posiciones españolas con una cooperación práctica con el país vecino. “La respuesta pasa necesariamente por la diplomacia”, ha señalado, al considerar que la particularidad geográfica de Ceuta y Melilla hace indispensable mantener un diálogo constante con Marruecos.

La soberanía, fuera de cualquier negociación

La defensa de la soberanía de Ceuta y Melilla ha ocupado una parte central de la intervención después de que responsables marroquíes hayan realizado recientemente declaraciones reivindicativas sobre ambas ciudades.

Albares ha querido separar explícitamente esas reclamaciones de la relación bilateral operativa. Según ha explicado, España ha respondido por los canales diplomáticos correspondientes, pero ello no ha impedido mantener la interlocución necesaria con Rabat para cuestiones como la seguridad fronteriza o la migración.

El ministro ha insistido en que no existe ningún proceso de negociación sobre el estatus de Ceuta o Melilla y ha asegurado que la posición española ha sido trasladada a Marruecos de manera “formal” y “por todos los cauces diplomáticos”.

La cuestión adquiere especial relevancia porque el Gobierno español trata de preservar una relación considerada estratégica con Marruecos sin generar ninguna ambigüedad respecto a las ciudades autónomas. La comparecencia de Albares ha servido precisamente para subrayar que, para el Ejecutivo, ambas cuestiones son compatibles: cooperación intensa con Rabat y defensa inequívoca de la soberanía española.

El origen de la crisis: un bulo difundido en redes

El segundo gran argumento de Albares ha sido situar el origen inmediato de la entrada masiva en una campaña de desinformación difundida a través de redes sociales.

El ministro ha sostenido que miles de personas se desplazaron hacia Ceuta después de que circulara una interpretación falsa sobre una sentencia del Tribunal Supremo relativa al tratamiento jurídico de las personas que accedían irregularmente a territorio español.

Según su relato, esa información habría alimentado la idea de que España había abierto la frontera y permitiría permanecer en territorio español a quienes consiguieran llegar a Ceuta. Albares ha descrito el episodio como una combinación de “bulo”, desinformación y redes sociales, aunque ha añadido otros factores estructurales como la desigualdad económica entre Europa y África y la desesperación de quienes emprenden el viaje migratorio.

El ministro ha insistido en que la migración es actualmente uno de los asuntos que más polarizan a las sociedades europeas y ha defendido que la crisis de Ceuta debe analizarse también desde la perspectiva de la manipulación informativa.

En este sentido, ha presentado la desinformación no como un elemento secundario, sino como un factor capaz de transformar rápidamente una crisis migratoria en una crisis política y social.

Acusaciones contra una “internacional reaccionaria”

Albares ha ido un paso más allá al denunciar que la crisis fue instrumentalizada prácticamente desde el momento en que comenzó por una “internacional reaccionaria”.

El ministro ha señalado a actores políticos y mediáticos que, según su interpretación, utilizaron las imágenes de la llegada masiva de personas a Ceuta para construir un relato de “invasión”, colapso de la seguridad y amenaza civilizatoria.

Entre los ejemplos citados ha situado al empresario Elon Musk. Albares ha asegurado que las publicaciones de Musk sobre la crisis de Ceuta alcanzaron en once días más de 724 millones de visualizaciones y alrededor de medio millón de interacciones. También ha mencionado la actividad de redes de desinformación rusas y su utilización del episodio para tratar de dividir a los europeos.

El ministro ha denunciado que determinados actores internacionales aprovecharon así uno de los asuntos que más capacidad tienen para generar polarización en Europa: la inmigración.

A su juicio, la crisis fue utilizada para alimentar el miedo y convertirlo en “gasolina electoral” para los movimientos de extrema derecha. Albares ha defendido que la respuesta europea debe incluir, por tanto, no solo políticas migratorias y de protección de las fronteras, sino también mecanismos para combatir la desinformación y limitar la capacidad de las plataformas digitales para amplificar contenidos falsos.

Críticas a Italia por su respuesta a la crisis

Uno de los elementos más destacados de la intervención de Albares ha sido su crítica a Italia.

El ministro ha acusado al Gobierno de Giorgia Meloni de mostrar una “falta de solidaridad” con España después de que Roma decidiera imponer controles a los viajeros procedentes de España tras la crisis de Ceuta.

Albares ha calificado esa decisión de “arbitraria” y de constituir un “agravio injustificado e injustificable”, argumentando que Italia conoce las particularidades del sistema fronterizo de Ceuta y Melilla y que el espacio Schengen queda garantizado mediante el sistema de controles existente.

El jefe de la diplomacia española ha atribuido la decisión italiana a “motivos de política electoral interna” y ha acusado a Roma de intentar obtener rédito partidista de una situación que, en su opinión, debería haber sido tratada como un problema europeo.

Albares ha contrapuesto la posición italiana con la actuación española durante la crisis migratoria de Lampedusa de 2023. Ha recordado que España, que entonces ostentaba la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, apoyó a Italia y defendió que aquella crisis no debía considerarse un problema exclusivamente italiano, sino una situación que requería una respuesta europea basada en la solidaridad.

“Europa es solidaridad y sin solidaridad no hay Europa”, ha resumido.

El ministro también ha incluido a Dinamarca entre los países a los que reclama una mayor solidaridad europea y ha recordado que España defendió la integridad territorial y la soberanía danesas frente a las reclamaciones estadounidenses sobre Groenlandia.

Ceuta y el espacio Schengen

La cuestión de la frontera europea ha sido otro de los elementos centrales de la intervención.

Albares ha defendido que la entrada irregular en Ceuta no supone automáticamente el acceso al espacio Schengen continental. El sistema fronterizo de las ciudades autónomas cuenta con controles específicos, incluidos los controles entre Ceuta y Marruecos y los existentes en las conexiones con la Península.

El argumento ha sido utilizado para rechazar las medidas adoptadas por Italia contra viajeros procedentes de España. Según Albares, Roma conocía el denominado sistema de doble filtro y, por tanto, sabía que la llegada de personas a Ceuta no equivalía a una entrada libre en el conjunto del espacio Schengen.

El episodio revela además una de las dificultades estructurales de la gestión europea de la inmigración: aunque el control inmediato de las fronteras exteriores corresponde a los Estados miembros, sus consecuencias pueden proyectarse sobre todo el espacio europeo de libre circulación.

Para Albares, la respuesta a estas crisis debe evitar precisamente que los Estados miembros actúen de manera unilateral y trasladar el problema al ámbito europeo.

La diplomacia como herramienta de gestión de crisis

La comparecencia de Albares ha servido también para defender el papel de la diplomacia frente a las críticas de quienes consideran que el Gobierno debería haber adoptado una posición más dura con Marruecos.

El ministro ha reivindicado que el hecho de mantener conversaciones permanentes con Rabat no implica renunciar a las posiciones españolas. Al contrario, ha defendido que la interlocución diplomática es precisamente el mecanismo que permite proteger los intereses españoles en una frontera especialmente sensible.

La cuestión es particularmente relevante en el caso de Ceuta y Melilla, cuya proximidad con Marruecos hace que cuestiones de migración, seguridad, comercio y relaciones bilaterales estén estrechamente conectadas.

La posición defendida por Albares consiste, en esencia, en separar cooperación y soberanía: España puede trabajar estrechamente con Marruecos para controlar la frontera y gestionar los retornos sin que ello suponga aceptar la existencia de una negociación sobre el futuro de las ciudades autónomas.

Una crisis con dimensión bilateral, europea e informativa

La intervención de Albares dibuja una crisis con tres dimensiones simultáneas.

La primera es bilateral, por la necesidad de mantener una coordinación constante con Marruecos y, al mismo tiempo, responder a las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla.

La segunda es europea, porque la crisis ha afectado a la gestión del espacio Schengen, ha provocado respuestas unilaterales de otros Estados miembros y ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la solidaridad europea ante las crisis migratorias.

La tercera es informativa, por el papel que el Gobierno atribuye a las redes sociales en la génesis y posterior amplificación de la crisis y por la participación de actores internacionales en la construcción del relato sobre los acontecimientos.

El ministro ha tratado así de presentar Ceuta no como un episodio aislado de presión migratoria, sino como un caso que reúne algunos de los principales desafíos estratégicos a los que se enfrenta actualmente la Unión Europea: control de las fronteras exteriores, relación con los países vecinos, desinformación, polarización política y cohesión entre Estados miembros.

El Gobierno defiende su gestión mientras continúa la presión política

La comparecencia de Albares se produce en el marco de una ronda extraordinaria de comparecencias ministeriales para explicar la actuación del Gobierno ante la crisis de Ceuta. Este viernes también han comparecido el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz.

La intervención de Interior ha coincidido con la de Exteriores en algunos puntos, aunque Marlaska ha presentado la entrada masiva desde una perspectiva diferente, al hablar de “causas plurales” y sostener que nadie anticipó el episodio.

El Ejecutivo afronta estas comparecencias bajo una fuerte presión política de la oposición, que reclama explicaciones sobre la gestión de la crisis, la capacidad de anticipación de los servicios de seguridad y la relación con Marruecos.

Albares ha optado por defender abiertamente la estrategia diplomática seguida por el Gobierno. Su mensaje ante el Congreso ha sido que la cooperación con Rabat no solo no contradice la defensa de la soberanía española, sino que constituye una herramienta imprescindible para gestionar una frontera que España comparte físicamente con Marruecos y que forma parte de la frontera exterior de la Unión Europea.

La ronda de explicaciones culminará la próxima semana con nuevas comparecencias y, posteriormente, con la intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, prevista para el 3 de septiembre.

En definitiva, Albares ha intentado fijar ante el Congreso una posición clara: Ceuta y Melilla no son negociables; Marruecos es un interlocutor indispensable; la cooperación con Rabat fue decisiva para contener la crisis; y la desinformación y la instrumentalización política de la inmigración han convertido el episodio en un problema que trasciende las fronteras españolas.

La principal incógnita que queda abierta es hasta qué punto esta estrategia permitirá mantener simultáneamente la cooperación con Marruecos, contener futuras presiones migratorias y evitar que las diferencias entre los Estados miembros terminen debilitando la respuesta común europea.

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