Análisis | El regreso del fujimorismo al poder

Departamento de Análisis del grupo Prensamedia

Qué significa la llegada de Keiko Fujimori para la estabilidad política y el papel internacional de Perú

La política peruana inicia una nueva etapa marcada por el regreso del fujimorismo al Palacio de Gobierno. Tras casi una década de sucesivas crisis institucionales, cambios presidenciales, enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso, protestas sociales y una creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones, la victoria de Keiko Fujimori representa mucho más que una alternancia política. Simboliza el retorno de una de las corrientes políticas más influyentes, controvertidas y duraderas de la historia reciente del país, con la promesa de recuperar la estabilidad institucional, reforzar la seguridad y reactivar una economía que, pese a mantener importantes fortalezas macroeconómicas, ha visto debilitada su capacidad para atraer inversión por la incertidumbre política permanente.

La llegada de Fujimori también tendrá consecuencias más allá de las fronteras peruanas. Perú ocupa una posición estratégica en la costa del Pacífico sudamericano, mantiene estrechas relaciones económicas con Asia, Estados Unidos y la Unión Europea y constituye uno de los principales productores mundiales de minerales esenciales para la transición energética, como el cobre, la plata o el zinc. La orientación internacional del nuevo Gobierno será observada con atención tanto por Washington como por Pekín, en un momento en que América Latina vuelve a convertirse en un espacio de creciente competencia geopolítica.

Más allá del debate ideológico que siempre ha acompañado al apellido Fujimori, el verdadero desafío será comprobar si el nuevo Ejecutivo logra devolver previsibilidad política a un país que, durante los últimos años, ha vivido prácticamente instalado en una crisis institucional permanente.

El final de una larga etapa de inestabilidad

Desde 2016, Perú ha protagonizado una de las etapas más convulsas de su historia democrática reciente. La sucesión de presidentes, las destituciones parlamentarias, las mociones de vacancia, las investigaciones judiciales, la confrontación permanente entre poderes del Estado y las movilizaciones sociales deterioraron progresivamente la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Pese a mantener durante años algunos de los mejores indicadores macroeconómicos de América Latina, el país fue incapaz de traducir esa fortaleza económica en estabilidad política.

La incertidumbre terminó afectando a la inversión privada, ralentizando importantes proyectos mineros y generando dudas entre los inversores internacionales sobre la capacidad del Estado para ofrecer un marco jurídico y político previsible.

El nuevo Gobierno recibe, por tanto, un país cuya prioridad ya no es únicamente crecer, sino recuperar la normalidad institucional.

La estabilidad política se ha convertido en el principal activo económico que Perú necesita reconstruir.

La economía vuelve al centro de la agenda

Uno de los principales compromisos del nuevo Ejecutivo consiste en reactivar el crecimiento económico mediante un clima más favorable para la inversión.

Perú dispone de importantes ventajas estructurales. Su riqueza minera, una deuda pública relativamente contenida, un sistema financiero sólido y una economía tradicionalmente abierta al comercio internacional constituyen una base sólida sobre la que impulsar una nueva etapa de crecimiento.

Sin embargo, el potencial económico del país ha permanecido parcialmente bloqueado por la incertidumbre política.

El Gobierno de Keiko Fujimori previsiblemente apostará por acelerar grandes proyectos de infraestructuras, desbloquear inversiones mineras, reforzar la seguridad jurídica y recuperar la confianza del sector privado.

La explotación de minerales críticos adquiere además una dimensión geopolítica creciente. El cobre peruano resulta esencial para la electrificación mundial, la industria tecnológica y la transición energética, lo que convierte al país en un actor cada vez más relevante dentro de las cadenas globales de suministro.

Seguridad y lucha contra el crimen organizado

La seguridad será otro de los grandes ejes del nuevo mandato.

Como sucede en buena parte de América Latina, el crecimiento del crimen organizado, el narcotráfico y las economías ilegales constituye una de las principales preocupaciones de la población.

La expansión de organizaciones criminales transnacionales ha incrementado la presión sobre las fuerzas de seguridad y plantea importantes desafíos para el control de determinadas regiones del país.

El nuevo Ejecutivo ha situado la recuperación del orden público como una de sus prioridades políticas.

Ello implicará previsiblemente un fortalecimiento de las capacidades policiales, una mayor coordinación con los sistemas judiciales y un incremento de la cooperación internacional en materia de inteligencia y lucha contra el crimen organizado.

La estabilidad institucional también dependerá, en buena medida, de la capacidad del Estado para recuperar plenamente el control de su territorio.

Un delicado equilibrio entre Estados Unidos y China

La política exterior peruana afronta igualmente un escenario especialmente complejo.

Estados Unidos continúa siendo un socio político y estratégico de primer orden, mientras que China se ha consolidado como el principal destino de numerosas exportaciones peruanas y uno de los mayores inversores en sectores estratégicos.

La presencia china resulta particularmente visible en minería, infraestructuras, energía y logística portuaria.

El puerto de Chancay, convertido en una de las mayores inversiones chinas en América Latina, simboliza la creciente importancia que Pekín concede al litoral peruano como puerta de entrada al mercado sudamericano.

El nuevo Gobierno deberá gestionar cuidadosamente esta dualidad.

La creciente rivalidad entre Washington y Pekín reduce progresivamente el margen de maniobra de los países latinoamericanos, obligándolos a equilibrar intereses económicos y consideraciones estratégicas.

Todo indica que Perú intentará mantener una política exterior pragmática, preservando unas relaciones constructivas con ambas potencias sin alineamientos excluyentes.

La relación con la Unión Europea

Europa seguirá ocupando un lugar relevante dentro de la política exterior peruana.

La Unión Europea representa uno de los principales inversores extranjeros en el país y mantiene un intenso intercambio comercial sustentado en el Acuerdo Comercial Multipartes firmado con Colombia, Ecuador y Perú.

La cooperación europea también abarca ámbitos como la transición ecológica, la gobernanza democrática, la digitalización, la lucha contra el cambio climático y el fortalecimiento institucional.

Para Bruselas, Perú constituye además un socio estratégico por su capacidad minera y por su papel dentro de la estabilidad política sudamericana.

La nueva Administración tendrá la oportunidad de reforzar esos vínculos, especialmente en materias relacionadas con minerales críticos, energías limpias e innovación tecnológica.

El futuro de la Alianza del Pacífico

Otro de los interrogantes será el papel que Perú quiera desempeñar dentro de la Alianza del Pacífico.

Este mecanismo de integración, formado por Chile, Colombia, México y Perú, nació como una de las iniciativas económicas más dinámicas del continente, aunque durante los últimos años ha perdido impulso debido a los cambios políticos registrados entre sus miembros.

La llegada de nuevos gobiernos en distintos países podría abrir una etapa de revitalización del bloque.

Perú mantiene un claro interés en preservar una plataforma que facilita el comercio, la inversión y la proyección económica hacia la región Asia-Pacífico.

El fortalecimiento de esta alianza también resulta relevante para diversificar relaciones exteriores en un contexto internacional cada vez más polarizado.

El peso del legado fujimorista

Pocas figuras políticas generan en Perú un debate tan intenso como el apellido Fujimori.

Para una parte significativa de la población representa el recuerdo de la estabilización económica de los años noventa y de la derrota del terrorismo de Sendero Luminoso.

Para otros sectores continúa asociado a episodios de autoritarismo, corrupción y vulneraciones de derechos humanos.

Ese legado acompañará inevitablemente toda la acción del nuevo Gobierno.

Keiko Fujimori deberá demostrar que su proyecto político responde a las exigencias institucionales del Perú contemporáneo y que puede construir una presidencia orientada al consenso, al fortalecimiento democrático y a la recuperación económica, alejándose de las divisiones que históricamente han marcado el debate político nacional.

La legitimidad de su mandato dependerá tanto de los resultados económicos como de su capacidad para reducir la elevada polarización existente.

Una oportunidad para recuperar protagonismo regional

Perú dispone de condiciones objetivas para recuperar un papel más activo en América Latina. Su estabilidad macroeconómica, sus recursos estratégicos, su proyección hacia el Pacífico y su red de acuerdos comerciales le otorgan una posición privilegiada en un momento en que la región vuelve a adquirir relevancia dentro de la competencia global entre las grandes potencias.

El regreso del fujimorismo abre una nueva etapa cargada de expectativas, pero también de enormes responsabilidades. Tras años de incertidumbre política, el país necesita instituciones sólidas, crecimiento económico sostenido y una política exterior capaz de aprovechar las oportunidades que ofrece el nuevo contexto internacional.

El éxito del nuevo Gobierno no dependerá únicamente de recuperar la confianza de los mercados o de estabilizar la vida política nacional. También estará condicionado por su capacidad para situar nuevamente a Perú como un actor fiable, previsible y relevante en el escenario latinoamericano y en las relaciones entre América, Asia y Europa. Si logra consolidar esa doble estabilidad, interna e internacional, el país podría iniciar uno de los ciclos de mayor proyección estratégica de las últimas décadas.

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