Hay despedidas que dicen mucho de la huella que deja un diplomático. La del embajador de Colombia en España, Eduardo Ávila, fue una de ellas. La recepción con motivo del Día Nacional de Colombia, celebrada este miércoles en Madrid, fue mucho más que una conmemoración institucional. Se convirtió también en el emotivo adiós del diplomático que, tras casi cuatro años al frente de la Embajada, concluye una etapa marcada por el fortalecimiento de las relaciones entre Colombia y España y por una intensa agenda política, económica, social y cultural.
En representación del Gobierno de España asistieron la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, y la secretaria de Estado para Iberoamérica y el Caribe y el Español en el Mundo, Susana Sumelzo, junto a una nutrida representación del cuerpo diplomático acreditado en España, altos cargos de la Administración, parlamentarios y representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
En su intervención, el embajador hizo balance de los casi cuatro años al frente de la misión diplomática, una etapa en la que quiso construir, según sus propias palabras, «una embajada de puertas abiertas», cercana a los ciudadanos colombianos residentes en España y comprometida con la defensa de sus derechos. Ávila destacó los avances logrados en materia de migración regular, reconocimiento de títulos profesionales, becas de estudio, cooperación institucional, cultura y protección de derechos sociales, al tiempo que agradeció al Gobierno español su apoyo a la regularización extraordinaria de personas migrantes, una medida especialmente relevante para la comunidad colombiana asentada en España.
El diplomático subrayó además que durante estos años ambos países han reforzado una agenda compartida basada en la defensa del multilateralismo, la paz, la justicia social, la transición ecológica y la movilidad humana con derechos. «Me voy convencido de que nuestra relación es hoy más amplia, diversa y cercana», afirmó, antes de reconocer que, por encima de los acuerdos alcanzados, «lo que más profundamente llevo conmigo son las personas que dieron sentido a esta misión».
Uno de los momentos más emotivos de la tarde llegó al final de su intervención. Visiblemente emocionado, Ávila dedicó unas palabras a su esposa, Claudia, y a sus dos hijas, de quienes destacó el apoyo, la paciencia y los sacrificios que implica la vida diplomática. «Su amor, su paciencia y su compañía hicieron posible este gran camino», afirmó, en unas palabras que arrancaron un cálido aplauso de los asistentes.
El embajador quiso también rendir un reconocimiento muy especial al personal de la residencia y de la Embajada que ha acompañado a su familia durante estos cuatro años en Madrid. Citó expresamente a Berta Castillo, Luz Marina Fernández, Adriana Tasco, Luis Nelson, Amado y Marcos Hernández, a quienes agradeció su dedicación y el cariño con el que les hicieron sentir «siempre en casa». «Con ustedes compartimos la vida cotidiana de estos años, largas jornadas, encuentros y tantos momentos que permanecerán para siempre en nuestra memoria», expresó, en otro de los instantes más emotivos de la velada.
Por su parte, la secretaria de Estado para Iberoamérica y el Caribe y el Español en el Mundo, Susana Sumelzo, destacó la «relación excepcional» que mantienen España y Colombia, cimentada en una historia compartida, una lengua común y unos vínculos humanos cada vez más estrechos. En este sentido, puso en valor la aportación de cerca de un millón de colombianos que viven en España y que, afirmó, contribuyen con su trabajo, talento y emprendimiento al desarrollo del país.
Sumelzo aprovechó también la ocasión para subrayar la importancia de la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid el próximo mes de noviembre, y destacó la estrecha colaboración entre España y Colombia en su preparación. Asimismo, dedicó unas palabras de reconocimiento al embajador Eduardo Ávila, de quien dijo que ha sido «un excelente representante de su país», un firme defensor de los intereses colombianos y de los derechos de sus ciudadanos en España. «Aquí tienes tu casa y dejas grandes amigos», le trasladó, deseándole el mayor de los éxitos en su próximo destino diplomático.
La recepción transcurrió en un ambiente festivo pese a las elevadas temperaturas que marcaron la tarde madrileña. Los asistentes combatieron el intenso calor con abanicos y ventiladores decorados con los colores de la bandera colombiana mientras disfrutaban de una cuidada selección de gastronomía y bebidas típicas del país.
La música puso el broche final a la celebración con las actuaciones en directo de varios grupos colombianos, que llenaron de ritmo la residencia diplomática y ofrecieron una muestra de la riqueza cultural del país. Más que una recepción institucional, la velada se convirtió en un homenaje a una misión diplomática que llega a su fin. Para Eduardo Ávila y su familia fue también el adiós a cuatro años de intensa actividad en España, una despedida marcada por el cariño de quienes compartieron con ellos este camino y por el reconocimiento de un cuerpo diplomático que quiso arroparles hasta el último momento.


