Introducción
La reciente ampliación de los BRICS ha reactivado con fuerza el debate sobre la posible fragmentación del sistema financiero internacional y el alcance real de la llamada desdolarización. La incorporación de nuevas economías emergentes —algunas energéticas, otras demográficamente decisivas— ha reforzado la narrativa de un mundo que avanza hacia una estructura multipolar menos dependiente de las instituciones y monedas occidentales. Sin embargo, entre la retórica política y la transformación efectiva de la arquitectura financiera global existe una brecha considerable. El dólar continúa dominando las reservas internacionales, la facturación del comercio y los mercados energéticos, mientras las infraestructuras de compensación y liquidez siguen profundamente vinculadas a Estados Unidos. Al mismo tiempo, el uso creciente de sanciones financieras y la rivalidad geopolítica han incentivado la búsqueda de alternativas. La cuestión no es si el orden actual desaparecerá de forma abrupta, sino si está evolucionando hacia una mayor segmentación funcional. Para Europa y para España, esta transición potencial plantea dilemas estratégicos que combinan estabilidad, autonomía y realismo económico.
- La ampliación de los BRICS como declaración estratégica
El bloque BRICS nació como foro informal de economías emergentes con ambición de mayor representación global. Su reciente ampliación responde menos a una convergencia estructural profunda que a una voluntad política de proyectar influencia colectiva. La inclusión de nuevos miembros con peso energético y geográfico amplía su alcance simbólico y refuerza la percepción de que el Sur Global busca canales alternativos de coordinación. No obstante, el grupo carece de una arquitectura institucional comparable a la de la Unión Europea o de un mercado común integrado. Las diferencias internas son significativas en términos de modelo económico, alineamientos estratégicos y prioridades regionales. La ampliación, por tanto, funciona principalmente como señal geopolítica: cuestiona la centralidad automática de las estructuras occidentales y reclama mayor pluralidad en la gobernanza financiera internacional. Pero transformar ese mensaje en mecanismos operativos coherentes exige superar tensiones internas que aún persisten.
- Desdolarización: diversificación gradual, no sustitución inmediata
El debate sobre la desdolarización suele simplificarse en exceso. Es cierto que varios países han aumentado el uso de monedas locales en acuerdos bilaterales y que algunos bancos centrales han reducido marginalmente su proporción de reservas en dólares. Sin embargo, el dominio de la moneda estadounidense descansa en fundamentos estructurales difíciles de replicar: profundidad y liquidez de sus mercados financieros, seguridad jurídica, red global de infraestructuras de pago y papel central en transacciones energéticas. Incluso economías que expresan retórica crítica mantienen importantes activos denominados en dólares. La transición hacia un sistema verdaderamente multipolar requeriría no solo voluntad política, sino también confianza sostenida en nuevas monedas, apertura financiera y estabilidad macroeconómica. Por ahora, lo observable es una estrategia de diversificación progresiva que busca reducir vulnerabilidades sin romper abruptamente con el sistema vigente. El proceso es más incremental que revolucionario.
- Sanciones financieras y erosión de neutralidad percibida
El uso intensivo de sanciones financieras en los últimos años ha alterado la percepción de neutralidad del sistema monetario internacional. La congelación de activos, la exclusión de sistemas de compensación y la restricción de transacciones en dólares han demostrado que la arquitectura financiera puede convertirse en instrumento de presión estratégica. Esta realidad ha impulsado a algunas economías a explorar mecanismos alternativos de liquidación y a fortalecer acuerdos bilaterales fuera de circuitos tradicionales. Sin embargo, la fragmentación también implica costes significativos: menor eficiencia, mayores costes de transacción y riesgo de volatilidad adicional. La creación de circuitos paralelos puede reducir transparencia y debilitar supervisión financiera. El dilema central es cómo equilibrar seguridad estratégica con estabilidad sistémica. El sistema actual muestra fisuras, pero aún no ha sido reemplazado por una alternativa integral y funcional.
- Implicaciones para la Unión Europea
Para la Unión Europea, la posible fragmentación financiera global plantea un desafío complejo. Como aliada estructural de Estados Unidos y defensora del multilateralismo, Europa se beneficia de la estabilidad del sistema vigente. Sin embargo, la excesiva dependencia de infraestructuras externas limita su margen de autonomía estratégica. El euro aspira a desempeñar un papel internacional más relevante, pero enfrenta obstáculos derivados de la fragmentación del mercado de capitales europeo y de la ausencia de una plena unión fiscal. Bruselas impulsa reformas para fortalecer la unión de mercados de capitales y aumentar la resiliencia del sistema financiero europeo. En un entorno potencialmente más segmentado, la prioridad es reforzar capacidad propia sin fomentar divisiones adicionales. La estrategia europea pasa por combinar alineamiento atlántico con fortalecimiento interno, evitando quedar atrapada en dinámicas de bloques excluyentes.
- La posición española ante un entorno financiero incierto
España, economía abierta y altamente integrada en el sistema europeo, tiene un interés directo en la estabilidad financiera global. La diversificación de sus relaciones comerciales y financieras hacia América Latina, África y Asia exige atención a nuevas dinámicas sin caer en alarmismos. Madrid no posee incentivos para promover rupturas sistémicas, pero sí para participar activamente en foros donde se debaten reformas de gobernanza internacional. La diplomacia económica española puede desempeñar un papel de puente entre posiciones europeas y demandas emergentes del Sur Global. La prioridad estratégica debe centrarse en preservar previsibilidad, estabilidad y acceso a financiación competitiva. En un contexto de narrativas confrontativas, el interés español reside en reducir incertidumbre y fortalecer reglas claras que protejan inversiones y comercio exterior.
Conclusión
La ampliación de los BRICS y el debate sobre la desdolarización reflejan una transformación gradual del clima geopolítico más que un colapso inminente del orden financiero internacional. El dólar mantiene ventajas estructurales que dificultan su sustitución a corto plazo, pero la diversificación progresiva y la instrumentalización estratégica de las finanzas indican una tendencia hacia mayor pluralidad. La fragmentación, si se profundiza, podría generar ineficiencias y tensiones adicionales. Para Europa y para España, la respuesta no pasa por adoptar posturas binarias, sino por reforzar resiliencia propia y contribuir a una gobernanza más inclusiva. La cuestión clave no es si el sistema actual desaparecerá, sino cómo adaptarse a un entorno donde la centralidad financiera occidental ya no es incuestionable y la competencia normativa se intensifica.
Claves
– La ampliación de los BRICS tiene un fuerte componente simbólico y político.
– La desdolarización avanza de forma gradual y limitada.
– Las sanciones financieras han incentivado búsqueda de alternativas.
– La UE necesita fortalecer el papel internacional del euro.
– España debe priorizar estabilidad y gobernanza financiera inclusiva.
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