Hasta el próximo 31 de mayo, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid presenta la exposición Bellezas del mundo flotante, comisariada por Daniel Sastre de la Vega, Centro de Estudios de Asia Oriental, Universidad Autónoma de Madrid, y Ricardo Centellas Salamero, gerente del Consorcio Goya Fuendetodos, Diputación de Zaragoza.
La Colección Pasamar-Onila es única y singular en el panorama de las colecciones de grabado japonés en España por la calidad y diversidad de sus estampas del género bijin-ga, ‘imágenes de mujeres bellas’. En paralelo a la iconografía de actores de kabuki, la representación de la mujer, bijin, fue el género más popular del ukiyo-e. La exposición reúne una elaborada síntesis de manifestaciones de bijin-ga en los maestros clásicos de la edad de oro del grabado japonés, entre el último tercio del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Además de preciosas estampas en formato ōban, el más común de la época, también se exhibe un grupo de insólitas hashira-e, ‘imágenes de pilar o columna’, dípticos verticales o kakemonos, sofisticados trípticos y un excepcional políptico de seis hojas, además de un admirable conjunto temático.
Las sugerentes creaciones visuales del ‘mundo flotante’ conforman el episodio más genuino del arte gráfico japonés. Su seducción trascendió las fronteras de la cultura nipona para instalarse en el imaginario colectivo de Occidente, a lo que contribuyó el interés que desde mediados del siglo XIX mostraron los impresionistas franceses, entusiastas coleccionistas de estampas, un interés acorde con su perseverante experimentación de los efectos de la luz en el ámbito de la representación. El vivo colorido de la estampa japonesa cautivó por su luminosidad, sensualidad y elegancia.
La esencia del ukiyo-e giró en torno al ideal de sofisticación, iki, como modelo de comportamiento y expresión formal. Desde esa construcción teórica, las escenas y sus protagonistas, así como las propias estructuras compositivas, responden a una concepción idealizada de lo real que se traduce en el empleo de estereotipos y sistemas de representación canónicos.
En el género bijin-ga las imágenes remiten preferentemente a las cortesanas de alto rango de los barrios del placer, en particular las oiran del distrito de Yoshiwara en Edo, representadas solas o en compañía de sus jóvenes kamuro. Ahora bien, los artistas ukiyo-e no sólo prestaron atención a las refinadas geishas de Yoshiwara, además, apreciaron la belleza femenina en las escenas de género, captando la dignidad de la mujer ocupada en sus actividades cotidianas o en la privacidad de su hogar, leyendo o escribiendo poesía, y también viajando por los lugares famosos de Edo, el monte Fuji, el río Sumida, la isla Enoshima… Un mundo de sutil belleza y elegancia, la sublimación de lo efímero, cuya culminación fue el radical hedonismo manifiesto en las escenas sexualmente explícitas del género shunga, literalmente ‘imágenes de primavera’.
Bellezas del mundo flotante reúne setenta y siete obras de los maestros clásicos de la edad de oro del grabado japonés. El punto de partida son cinco estampas de Suzuki Harunobu (1724-1770) impulsor de la técnica nishiki-e para crear composiciones en policromía con las que superar la práctica de iluminar a mano los diseños monocromos. La languidez formal de Harunobu fue asimilada por las delicadas figuras de Isoda Koryūsai (1735-1790), luego impugnada con la corpulencia femenina de las representaciones de Torii Kiyonaga (1752-1815), hijo de un vendedor de libros, y el estilo preciosista de Kitao Masanobu (1761-1816), pseudónimo del afamado poeta y dramaturgo Santō Kyōden.


