Introducción
Durante décadas, el llamado Sur Global fue descrito desde Europa como un espacio políticamente heterogéneo pero estratégicamente previsible. Países no alineados, pragmáticos en lo económico y cautos en lo diplomático, que evitaban tomar partido explícito en los grandes conflictos sistémicos. Esa imagen ya no se sostiene. En el actual contexto internacional, el Sur Global no solo ha dejado de ser neutral, sino que se ha convertido en un actor decisivo que elige, negocia y cambia de alineamiento según intereses concretos y coyunturas específicas.
Este giro tiene profundas implicaciones para la política exterior europea. La UE se enfrenta a un entorno en el que sus apelaciones a valores, normas y multilateralismo compiten con ofertas más directas, transaccionales y, en ocasiones, abiertamente coercitivas de otras potencias. Para España, con vínculos históricos, económicos y políticos especialmente intensos con África y América Latina, esta transformación no es un fenómeno lejano, sino un desafío estratégico inmediato.
Del no alineamiento clásico al pragmatismo estratégico
El no alineamiento surgió durante la Guerra Fría como una forma de preservar autonomía frente a la bipolaridad. Hoy, esa lógica ha sido sustituida por algo distinto: alineamientos flexibles, no ideológicos, revisables y orientados a resultados. Los países del Sur Global ya no se definen por su equidistancia, sino por su capacidad para maximizar beneficios en un sistema internacional fragmentado.
Este nuevo pragmatismo se traduce en una diplomacia selectiva. Se coopera con quien ofrece financiación, infraestructuras, seguridad o acceso a mercados, sin asumir compromisos políticos duraderos. La coherencia ideológica importa menos que la utilidad inmediata. En este contexto, la neutralidad no desaparece, pero se convierte en una herramienta táctica, no en una posición estructural.
Para Europa, acostumbrada a relaciones basadas en marcos estables y previsibles, este cambio supone una pérdida de terreno evidente. La UE ya no es percibida automáticamente como socio preferente, sino como una opción más en un menú cada vez más amplio.
La competencia de modelos y la erosión del poder normativo
El auge de alineamientos flexibles coincide con una creciente competencia entre modelos de poder. Estados Unidos, China, Rusia y potencias regionales ofrecen al Sur Global propuestas distintas, con condiciones y expectativas diversas. Frente a esta pluralidad, el modelo europeo, basado en normas, condicionalidad y procesos largos, aparece a menudo como menos atractivo.
El poder normativo de la UE, durante años una de sus principales fortalezas, muestra signos de desgaste. Muchos países del Sur Global perciben las exigencias europeas como asimétricas o desconectadas de sus prioridades inmediatas. En un contexto de urgencias económicas, demográficas y climáticas, la promesa de reformas estructurales a largo plazo pierde atractivo frente a soluciones rápidas, aunque impliquen dependencia o riesgos futuros.
La Comisión Europea es consciente de esta erosión, pero su capacidad de adaptación está limitada por la propia naturaleza del proyecto europeo: consensual, normativo y condicionado por equilibrios internos.
África: el laboratorio de los nuevos alineamientos
África es uno de los escenarios donde esta transformación resulta más visible. Países que tradicionalmente mantenían una relación privilegiada con Europa diversifican ahora sus alianzas, combinando cooperación con la UE, acuerdos con China, presencia militar rusa o apoyo financiero de actores del Golfo.
Este comportamiento no responde a una deriva ideológica, sino a una lectura pragmática del entorno internacional. La multiplicación de socios permite negociar mejores condiciones, reducir dependencias y aumentar el margen de maniobra. Para Europa, sin embargo, esta dinámica complica una política exterior que sigue basándose en asociaciones estables y marcos regionales.
España, con una presencia histórica en el norte de África y una creciente implicación en el Sahel, se encuentra directamente afectada por esta evolución. La competencia por influencia en su vecindad inmediata obliga a replantear instrumentos diplomáticos, de seguridad y de cooperación.
América Latina: afinidades culturales, divergencias estratégicas
En América Latina, el fenómeno adopta matices propios. La región mantiene fuertes vínculos culturales y políticos con Europa, pero también muestra una creciente voluntad de autonomía estratégica. Países latinoamericanos participan activamente en foros globales, diversifican socios comerciales y evitan alineamientos automáticos.
Para la UE, y para España en particular, esta situación genera una paradoja. Existe un capital relacional considerable, pero su traducción en influencia política efectiva es cada vez más compleja. Las expectativas europeas de afinidad automática chocan con una realidad marcada por intereses nacionales y agendas propias.
El Sur Global latinoamericano no se aleja de Europa, pero tampoco se subordina a sus prioridades. Esta autonomía selectiva exige una política exterior más realista, menos basada en afinidades históricas y más en intereses compartidos concretos.
Europa ante el dilema de la adaptación
La UE se enfrenta a un dilema estratégico de fondo. Puede intentar reforzar su modelo normativo, asumiendo una pérdida relativa de influencia a corto plazo, o puede adaptarse parcialmente a la lógica transaccional dominante, con el riesgo de diluir su identidad.
Hasta ahora, la respuesta ha sido híbrida y, en muchos casos, insuficiente. Se actualizan estrategias, se revisan asociaciones y se multiplican los discursos sobre cooperación “entre iguales”, pero la ejecución sigue siendo lenta y fragmentada. La UE compite en un terreno donde otros actores actúan con mayor rapidez y menor complejidad institucional.
Este desfase no solo reduce la influencia europea, sino que alimenta la percepción de irrelevancia en regiones clave, reforzando el ciclo de alineamientos flexibles que la UE pretende contrarrestar.
Implicaciones para la política exterior española
Para España, esta transformación plantea retos y oportunidades específicas. Su posición como puente entre Europa y el Sur Global le otorga una capacidad de interlocución singular, pero también la expone directamente a las consecuencias de una pérdida de influencia europea.
España puede desempeñar un papel de mediador y facilitador, adaptando el lenguaje y los instrumentos europeos a realidades regionales complejas. Sin embargo, esto requiere una política exterior proactiva, dotada de recursos y coordinada estrechamente con Bruselas.
Además, España debe gestionar cuidadosamente sus propias expectativas. La afinidad histórica no garantiza alineamientos automáticos, y la competencia por influencia exige una diplomacia más pragmática, capaz de operar en entornos de lealtades cambiantes.
El riesgo de la irrelevancia estratégica
Si Europa no logra adaptarse a este nuevo escenario, corre el riesgo de convertirse en un actor secundario en regiones clave del Sur Global. La pérdida de influencia no se manifestará de forma abrupta, sino progresiva, a través de acuerdos perdidos, foros marginales y una menor capacidad de moldear agendas internacionales.
Para España, este riesgo es especialmente sensible. Su seguridad, su economía y su proyección internacional están estrechamente ligadas a regiones donde los alineamientos flexibles ya son la norma. Ignorar esta realidad supondría aceptar una pérdida de capacidad de acción en su entorno estratégico inmediato.
Conclusión
El Sur Global ha dejado atrás la neutralidad pasiva para adoptar una diplomacia activa, pragmática y flexible. Este cambio redefine las reglas del juego internacional y plantea un desafío directo a la política exterior europea. La UE ya no puede dar por sentada su centralidad ni confiar exclusivamente en su poder normativo.
Para España, la adaptación a este nuevo escenario no es opcional. Requiere realismo estratégico, inversión diplomática y una comprensión profunda de los intereses cambiantes de sus socios. En un mundo de alineamientos fluidos, la influencia se construye día a día, y quien no se adapta queda fuera del tablero.
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