Eduardo González
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha recibido este lunes, 9 de febrero, en la sede del Ministerio del Palacio de Viana en Madrid al enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, y a su homólogo de Marruecos, Nasser Bourita.
Ambos encuentros se han producido solo dos días después de que Albares recibiera también en Madrid a sus homólogos de Mauritania, Mohamed Salem Ould Merzouk, y Argelia, Ahmed Attaf, y en medio de las gestiones secretas que está liderando Estados Unidos en la capital de España para conseguir, de aquí a mayo, la firma un acuerdo marco que ponga fin al conflicto del Sáhara Occidental, según adelantó el diario ‘El Confidencial’ citando fuentes diplomáticas no identificadas.
En medio de todo el secretismo que rodea a estas negociaciones amparadas Estados Unidos, el Ministerio de Exteriores se ha limitado, como es habitual, a publicar unos mensajes en las redes sociales con los consabidos elogios al buen estado de las relaciones bilaterales, y poco más.
En la reunión con Nasser Bourita (la decimocuarta entre ambos desde marzo de 2022, cuando el Gobierno español tomó la inesperada decisión de aceptar el plan de autonomía para el Sáhara Occidental), los tuits lanzados por Exteriores destacan el buen estado de la relación bilateral (“Nuestra amistad y cooperación vive su mejor momento histórico”), de los intercambios comerciales, de la cooperación migratoria y policial y de las relaciones culturales así como la necesidad de impulsar los acuerdos firmados en la RAN España-Marruecos del pasado diciembre y de caminar “juntos hacia el Mundial 2030”.
Reunión secreta en Madrid
De acuerdo con ‘El Confidencial’, la Embajada de EEUU en Madrid acogió este domingo un encuentro secreto de alto nivel, sin la participación de España, entre los ministros de Exteriores de Marruecos, Argelia y Mauritania, el jefe de la diplomacia del Frente Polisario, Mohamed Yeslam Beissa; el representante de Estados Unidos en la ONU, Michael Waltz; y el represente especial del presidente Donald Trump para África, Massad Boulos. El encuentro, según el mismo diario, concluyó con un mero comunicado en el que se no se adelantó ningún resultado. Antes de la reunión de Madrid se celebró un primer encuentro secreto en Washington hace dos semanas, sobre el que apenas se ha informado.
El pasado otoño, Washington decidió tomar la iniciativa en este asunto y relegar a Naciones Unidas a un papel secundario. Massad Boulos ha advertido de que el conflicto saharaui es una “máxima prioridad” para Estados Unidos, y él mismo se desplazó a Argelia en enero para abordar este tema con el presidente Abdelmadjid Tebboune.
En este contexto, Marruecos habría presentado en enero una nueva propuesta de autonomía de Marruecos para el Sahara Occidental mucho más amplia que la anterior de 2007. Esta nueva propuesta se produce después de que, el pasado 29 de enero, la decimoquinta reunión del Consejo de la Asociación UE-Marruecos concluyera con una Declaración Conjunta en la que “la parte europea” expresaba su apoyo a la Resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de la ONU, que “apoya plenamente los esfuerzos del secretario general y su enviado personal para facilitar y llevar a cabo las negociaciones sobre la base del plan de autonomía propuesto por Marruecos”.
Aquella declaración admitía también que una “autonomía genuina” podría ser “la solución más factible” y acogía “con satisfacción la disposición de Marruecos a dialogar de buena fe con todas las partes implicadas para aclarar las modalidades de este plan de autonomía y explicar cómo se implementaría la autonomía dentro del marco de la soberanía marroquí”.
Con esta declaración, la UE se adhirió por primera vez, sin ambigüedades, a la sorprendente decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de avalar en marzo de 2022 el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental “como la base más seria, creíble y realista para la resolución de este diferendo”.
No obstante, parece ser que la nueva propuesta de autonomía presentada por Marruecos no es plenamente satisfactoria para Estados Unidos, que ha pedido una reforma constitucional para suavizar la política centralista de Rabat. Marruecos no parece muy acorde con esta propuesta, por estimar que podría alentar otras demandas regionales, sobre todo en el Rif.


