<h6><strong>Redacción Aquí Europa</strong></h6> <h4><strong>El semestre danés al frente del Consejo de la Unión Europea ha estado marcado por una gestión pragmática de la agenda legislativa, avances selectivos en prioridades clave y una clara voluntad de reforzar la estabilidad institucional en un contexto europeo condicionado por la transición política, la presión geopolítica y la contención presupuestaria.</strong></h4> La presidencia de turno de Dinamarca del Consejo de la Unión Europea se ha desarrollado bajo el signo del realismo. Sin grandes gestos políticos ni ambiciones retóricas desmedidas, Copenhague optó desde el inicio por un enfoque técnico, centrado en el desbloqueo de expedientes legislativos pendientes y en la consolidación de acuerdos viables entre los Estados miembros y las instituciones. En un semestre marcado por la resaca de las elecciones europeas y la configuración del nuevo ciclo institucional, Dinamarca asumió el papel de presidencia estabilizadora, consciente de que su margen de maniobra política estaba condicionado por la necesidad de continuidad y de gestión ordenada de la transición. El resultado ha sido un balance razonablemente sólido en términos de eficacia procedimental, aunque limitado en proyección estratégica. Entre las prioridades fijadas al inicio del semestre destacaban la competitividad económica, la seguridad energética, la implementación práctica del Pacto Verde y el refuerzo de la autonomía estratégica europea en un contexto internacional cada vez más volátil. En el ámbito legislativo, la presidencia danesa logró avances significativos en varios dosieres clave, especialmente en la fase final de negociación de normativas vinculadas al mercado interior y a la transición ecológica. Destaca el impulso dado a la aplicación del marco regulatorio sobre industrias limpias y tecnologías estratégicas, así como la gestión ordenada de expedientes relacionados con materias primas críticas y resiliencia de las cadenas de suministro. Si bien muchos de estos textos venían heredados del semestre anterior, Dinamarca supo capitalizar el trabajo previo y cerrar acuerdos técnicos allí donde existía una ventana de consenso. <h5><strong>Garantía de funcionamiento institucional</strong></h5> En el plano institucional, el semestre danés estuvo marcado por una estrecha coordinación con la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, en un momento especialmente delicado por la renovación de altos cargos y la redefinición de prioridades del nuevo ciclo político. La presidencia apostó por preservar la fluidez interinstitucional y evitar bloqueos que pudieran retrasar la agenda legislativa. Este enfoque se tradujo en una gestión eficiente de los trílogos y en una clara voluntad de mantener el calendario legislativo bajo control, incluso a costa de renunciar a iniciativas políticas más ambiciosas. En términos de gobernanza, Dinamarca contribuyó a reforzar la imagen de un Consejo funcional y previsible, algo especialmente valorado por los Estados miembros más preocupados por la estabilidad normativa y la seguridad jurídica. El balance global de la presidencia danesa puede calificarse como sobrio pero cumplidor. No ha sido un semestre de grandes titulares ni de giros estratégicos, pero sí de avances concretos y de consolidación del trabajo comunitario en un momento de transición y cautela política. Dinamarca deja tras de sí un Consejo ordenado, una agenda legislativa encarrilada y un clima institucional razonablemente estable. En un contexto europeo marcado por tensiones geopolíticas, incertidumbres económicas y debates internos sobre el rumbo del proyecto común, la presidencia danesa ha demostrado que, a veces, la contribución más valiosa es garantizar que la maquinaria europea siga funcionando sin sobresaltos.