‘In Terra Sancta Concordia’: la UE ante la capitalidad de Jerusalén

 

Túlio Dias de Assis

Ayudante de investigación del Center for Global Affairs & Strategic Studies / Universidad de Navarra

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió en diciembre con otra de sus declaraciones, que al igual que muchas anteriores tampoco carecía de polémica. Esta vez el tema sorpresa fue el anuncio de la apertura de la embajada de EEUU en Jerusalén, consumando así el reconocimiento de la milenaria urbe como capital del único estado judío del mundo actual: Israel.

 

El polémico anuncio de Trump, en un asunto tan controvertido como delicado, fue criticado internacionalmente y tuvo escaso apoyo exterior. No obstante, algunos países –pocos– se sumaron a la iniciativa estadounidense, y algunos más se manifestaron con ambigüedad. Entre estos, diversos medios situaron a varios países de la Unión Europea. ¿Ha habido realmente falta de cohesión interna en la Unión sobre esta cuestión?

 

Antes de todo, cabría analizar con más detalle la situación, empezando por una pregunta sencilla: ¿Por qué Jerusalén es tan importante? Hay varios factores que llevan a que Hierosolyma, Yerushalayim, Al-quds o simplemente Jerusalén tenga tamaña importancia no solo a nivel regional, sino también globalmente, entre los cuales destacan los siguientes tres: su relevancia histórica, su importancia religiosa y su valor geoestratégico.

 

Relevancia histórica. Es uno de los asentamientos humanos más antiguos del mundo, remontándose sus primeros orígenes al IV milenio a.C. Aparte de ser la capital histórica tanto de la región de Palestina o Canaán, como de los varios reinos judíos establecidos a lo largo del primer milenio a.C. en dicha parte del Levante.

 

Importancia religiosa. Se trata de una ciudad sacratísima para las tres mayores religiones monoteístas del mundo, cada una por sus propias razones: para el Cristianismo, principalmente debido a que es donde se produjo la crucificción de Cristo; para el Islamismo, aparte de ser la ciudad de varios profetas –compartidos en las creencias de las demás religiones abrahámicas– y un lugar de peregrinación, también es adonde hizo Mahoma su tan conocido viaje nocturno; y obviamente, para el Judaísmo, por razones históricas y además por ser donde se construyó el tan sacro Templo de Salomón.

 

Valor geoestratégico. A nivel geoestratégico también posee una gran relevancia, ya que se trata de un punto crucial que conecta la costa mediterránea levantina con el valle del Jordán. Por lo que su poseedor tendría bajo su control una gran ventaja geoestratégica en la región del Levante.

 

No es de extrañarse, pues, que el estatus de esta ciudad sea uno de los principales puntos de conflicto en las negociaciones para la paz entre ambos pueblos, como es bien sabido. De ahí que la intervención de Trump no haya sido de gran ayuda para poder retomar el proceso de paz; más bien, podría argüirse, ha sido todo lo contrario: ha provocado la protesta no solo de los palestinos locales, sino de todo el mundo árabe, logrando así desestabilizar aún más la región. Ha habido reacciones contrarias de Hamas, de Hezbollah y también de varios gobiernos islámicos de Oriente Medio (entre ellos incluso el de Erdogan, a pesar de que la República de Turquía de jure sea un estado laico). Hamas llamó a una intifada en contra de Israel: las múltiples manifestaciones en los territorios palestinos concluyeron con varios centenares de heridos y una docena de muertos, debido a enfrentamientos con los cuerpos policiales israelíes.

 

“Si hay algo que destaca en la respuesta europea es la unión y coherencia interna”

 

Europa, por su parte, intenta mantener una postura bastante más neutra y equilibrada, orientada a lograr la paz regional. La disposición de mediación de la Unión Europea tiene en cuenta principalmente las resoluciones aprobadas por la ONU sobre tan problemático tema. Las declaraciones europeas, consideradas un tanto irrealistas y utópicas bajo la perspectiva de muchos israelíes, se basan en cuatro puntos esenciales: los dos estados, los refugiados, la seguridad y estatus de Jerusalén.

 

La existencia de dos estados. Según la UE, una solución uniestatal sería contraria a los intereses de ambas partes, puesto que impondría la soberanía de uno de los pueblos por encima de la del otro. Por lo tanto, Bruselas estima que lo más adecuado sería la solución biestatal: que cada pueblo tenga su estado y que las fronteras entre ambos estén basadas en las vigentes el 4 de Junio de 1967, antes de la Guerra de los Seis Días. Aún y todo, se admitirían cambios a estos límites de soberanía, siempre y cuando ambas partes así lo desearan y lo aprobaran.

 

La cuestión de los refugiados. La UE considera que deberían tomarse medidas duraderas para la cuestión de los refugiados palestinos fuera de su tierra natal (especialmente en países vecinos como Líbano y Jordania), con el objetivo de que puedan regresar a su país.

 

La seguridad. Otro de los puntos primordiales para los europeos sería la cuestión de la seguridad, para ambos bandos: Por una parte, habría que establecer medidas para acabar con la ocupación israelí de los territorios palestinos. Por otra, habría que afrontar con medidas eficaces el problema del terrorismo palestino en la zona.

 

Estatus de Jerusalén. Teniendo en cuenta la importancia de dicha ciudad, Bruselas considera que no habría mejor solución que una resolución en la que hubiera soberanía compartida entre ambos hipotéticos estados. Adicionalmente, la ciudad sagrada de las tres religiones también sería la capital de ambos estados simultáneamente.

 

Sin embargo, como ya se ha mencionado previamente, se desconfiaba de la postura de varios estados-miembro, llegándose incluso a sospechar de un posible apoyo a la decisión americana. Esto se dedujo de estados como Chequia o Hungría, debido a algunas declaraciones sacadas de contexto o mal explicadas, que hacían aparentar que las disidencias entre Bruselas y Visegrado seguían aumentando. No obstante, si hay algo que destaca en la respuesta europea es la unión y coherencia interna.

 

El gobierno checo no hizo más que reconocer Jerusalén Occidental como capital de Israel, igual que hará con Jerusalén Oriental una vez Palestina vuelva a poseer la soberanía de su territorio. El gobierno magyar tampoco contradijo las posiciones europeas, ya que sus únicas declaraciones fueron que Europa no tendría por qué pronunciarse sobre las acciones diplomáticas de EEUU. Posteriormente, el primer ministro húngaro aclaró que la UE debe mantenerse firme en la política que ha defendido hasta el momento y que esa es de facto la postura magyar sobre el asunto. Además, el presidente francés Emmanuel Macron, durante su reunión con el primer ministro israelí Netanyahu, ya mencionó que Francia no apoyaba la decisión de Trump sobre Jerusalén, y de igual forma le habló Federica Mogherini, la Alta Representante de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, manteniendo la postura mediadora neutral que ha asumido la UE hasta el momento.

 

Por tanto, ni la UE ni ninguno de sus estados-miembro han mostrado ninguna señal de apoyo a la decisión unilateral americana. Los europeos siguen unidos en su diversidad, quoniam “In varietate concordia”.

 

Este artículo ha sido publicado originalmente en el Center for Global Affairs and Strategic Studies de la Universidad de Navarra

 

 

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