Cambio climático y COP23: de exámenes, reglas y actores no estatales

 

Lara Lázaro Touza

Investigadora principal. Real Instituto Elcano

 

El indudable éxito diplomático que supuso la adopción del Acuerdo de París en 2015 dejaba como legado el arduo trabajo de desarrollar las reglas de funcionamiento del acuerdo y poner en marcha la implementación de nuestros compromisos. Así, tanto la Cumbre del Clima de Marrakech en 2016, como la Cumbre del Clima que se celebró este año en Bonn bajo la presidencia de Fiyi, conocida como COP23, han sido reuniones técnicas.

 

Y, sin embargo, como el diablo está en los detalles, las mencionadas cumbres así como la que se celebrará el año que viene en Katowice, Polonia (COP24), son esenciales para el devenir climático internacional. Esto es así porque si no contabilizamos bien tanto las emisiones actuales como los esfuerzos de reducción de emisiones y la evolución de la financiación climática, no seremos capaces de lograr el objetivo de evitar una interferencia peligrosa con el sistema climático. Si no sabemos qué estamos haciendo difícilmente podremos elaborar una estrategia que nos permita limitar el aumento medio de las temperaturas a menos de 2ºC en relación a la era preindustrial. Un límite de aumento de las temperaturas, consensuado por científicos y decisores políticos, que refleja el riesgo climático que estamos dispuestos a asumir colectivamente.

 

Así, los resultados más relevantes de las negociaciones oficiales se detallan a continuación. El apoyo político para la transición hacia un modelo de desarrollo de menores emisiones es asimétrico pero sin fisuras (a excepción de EE.UU.). En cuanto al desarrollo de las reglas del Acuerdo de París tenemos textos que recogen las posturas de todos los países, lo cual era importante para la aceptación de las reglas de funcionamiento del acuerdo. Queda por delante un año de trabajo muy intenso que requerirá reuniones adicionales a las establecidas habitualmente para reducir los textos para que puedan ser aprobados, esperemos, en la COP24.  Se ha diseñado el examen del año que viene, el diálogo de Talanoa, con una fase técnica y otra política. Este diálogo se nutrirá de la información de actores no estatales, como por ejemplo del informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (conocido por sus siglas en inglés, IPCC), sobre los impactos de un mundo 1.5ºC más cálido y las sendas para limitar el aumento medio de las temperaturas a ese grado y medio.

 

Se ha aprobado un Plan de Género para que más mujeres accedan a las negociaciones climáticas internacionales y  para que se integre la perspectiva de género en las políticas climáticas nacionales. Se ha aprobado una plataforma para los pueblos indígenas y las comunidades locales. Por último, se ha llevado a cabo un diálogo formal entre las partes y los actores no estatales. Este diálogo es básico para la apropiación de los compromisos internacionales por parte de la sociedad, aunque no está exento de críticas por la potencial captura del proceso de negociación por parte del sector privado. Además, se ha acordado aumentar la ambición antes de 2020 y se ha exhortado a los países a que ratifiquen la enmienda de Doha para la entrada en vigor del segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto.

 

Siendo clave todo lo anterior, en la COP23 quizá lo más interesante, por contraste con las cumbres previas a la adopción del Acuerdo de París, son los compromiso de los actores no estatales. Muchos de estos compromisos han sido recogidos en el anuario de la Agenda de Acción Global de 2017 [1]. Uno de estos compromisos ha suscitado el mayor interés. Contrarrestando el autoinfligido aislacionismo climático de EE.UU. se presentó el compromiso alternativo americano llamado ‘America’s Pledge’, capitaneado por Michael Bloomberg, que aglutina a más de la mitad de la población americana y más de la mitad del PIB (equivalente a la tercera economía del planeta según los autores) y que tiene como objetivo el cumplimiento de Acuerdo de París. Hay acción climática más allá de Trump y esto es una excelente noticia para el planeta. Resta saber, una vez tengamos las reglas de funcionamiento del Acuerdo de París para los países, como se integrarán y contabilizarán los esfuerzos no estatales.

 

También se presentó durante la COP23 una alianza para abandonar el carbón, la ‘Powering Past Coal Alliance’, capitaneada por el Reino Unido, país que vio nacer la Revolución Industrial gracias al uso intensivo de este combustible fósil, y por Canadá. Si bien es cierto que grandes consumidores actuales se quedan fuera de esta alianza, y que países como España no están por el momento dispuestos a sumarse a esta iniciativa, la señal para el mercado y la sociedad es muy clara. Hemos de avanzar de manera ordenada pero acelerada hacia un modelo de desarrollo de bajas emisiones si queremos, como decía Achim Steiner, anterior director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), alinear la economía con la sociedad, desacoplar el crecimiento de las emisiones y no dejar a nadie atrás.

 

[1] http://unfccc.int/tools/GCA_Yearbook/GCA_Yearbook2017.pdf

 

12/12/2017. © Todos los derechos reservados

 

 

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